Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2004/10/10 00:00

El escándalo del censo

El escándalo del censo

Me parece inconcebible que por satisfacer la obsesión del empadronamiento se vaya a desperdiciar la oportunidad del censo de 2005 para recoger información vital para el país, como dicen en su artículo 'Censo o empadronamiento' (SEMANA #1.170). Si las preguntas se van a limitar a identificación ciudadana y al registro domiciliario, ¿cómo focalizar eficientemente el gasto social, por ejemplo, si no se va a averiguar dónde están y cuáles son las necesidades más urgentes de los grupos desfavorecidos? ¿Cómo establecer el número real de desplazados, sus orígenes, sus destinos y sus condiciones? ¿Cómo determinar el volumen real de la emigración hacia el exterior y de las remesas (versus narcodólares) que esas personas están enviando hacia el país y que constituyen la segunda fuente de divisas en Colombia? Además, el censo es un ejercicio de construir confianza para recoger información fiable destinada a la formulación de políticas, y no una intromisión de naturaleza policial donde lo primero que se le pide al censado son sus huellas dactilares.

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