Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 9/20/2008 12:00:00 AM

El lenguaje es mágico

Fue por completo gratificante la entrada de María Jimena Duzán al equipo de SEMANA: la frescura, la profundidad y el análisis prudente de la realidad nacional. Pero (y, a Dios gracias, no faltarán peros que mejoren y engrandezcan a la periodista) en su artículo ‘¿Un país sin oposición?’ peca, quizá por pesimismo, cuando pinta al Partido Liberal, y desconocer mujeres de la talla de Piedad Córdoba o Cecilia López, por poner un ejemplo. Con ese aire triste, la lectura del PDA suena un poco ‘luchista’ cuando habla de reinvención; no porque no haya razones al argumentar la ‘mamertización’ del partido o porque las observaciones de unidad del ex alcalde sean fútiles; suena luchista porque, de todos los nombres de afiliados, al único que menciona es a Garzón y con esto el lenguaje es mágico: si no los nombras, parece que no existieran.
Así las cosas, pareciera como si el ideal de oposición fuera la unidad en torno a un líder, algo así como un reflejo perverso del modelo gobiernista. Las acciones de asociaciones civiles o gremiales (estudiantes, campesinos, obreros, sindicatos) quedan dependientes de una única unidad opositora que no refleja la diversidad que hay en el PDA o en el liberalismo, incluso en los partidos de coalición.
Siguiendo este argumento perverso, los investigadores de para-políticos son conspiradores, las ONG viven de petrodólares y, a fin de cuentas, todos somos títeres de fuerzas oscuras. ¿Será una lectura correcta?

Gabriel Rodríguez
Bogotá
 
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1825

PORTADA

Venezuela: la calle contra el dictador

Un trino de Santos indigna a Maduro y él amenaza con revelar los secretos del proceso de paz. Invocar el anti-colombianismo no cambia el hecho de que la crisis venezolana está llegando a un punto de inflexión.