Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2007/12/22 00:00

El valor ausente

El valor ausente

Tras leer la edición #1337, pude concluir que el gran valor ausente en los colombianos en 2007, fue la solidaridad, pero no  aquella que nos convoca a una marcha de unos minutos, a ondear unas banderas o batir algunos pañuelos tras la incesante invitación de los medios a apoyar una causa. Hablo de la solidaridad verdadera, es decir, aquella que genera compromiso. Puede uno pensar que cada día nos estamos transformando en una isla, que junto a las otras y separadas de ella, compone un inconexo y lóbrego archipiélago. No hay sólidos puentes que las unan; sólo quebradizos andariveles que, a las primeras embestidas, ceden y rompen la comunicación.  Nos acostumbramos a asumir actitudes indiferentes frente a las catástrofes y las hambrunas, a las injusticias, a los desplazamientos y a los genocidios, nos hemos reducido a practicar unas mínimas solidaridades que nos amortiguan y entretienen, ajenos a las calamidades de nuestro alrededor. SEMANA, consciente de la necesidad de informar, ha cumplido un papel inigualable, pues con cada edición, ha buscado despertar conciencia colectiva de aquellos males que nos agobian, valga el ejemplo el excelente trabajo desarrollado en el informe ‘La barbarie que no vimos’. Sin embargo, se observa que, aun con estos llamados de la prensa,  lamentablemente los colombianos nos seguimos conformado con una solidaridad personal de sentimientos y con una mínima solidaridad colectiva. Parece que hubiésemos sido educados, desde el principio, para la exigencia más que para la generosidad; para la reivindicación más que para la cooperación. Por ello si continuamos siendo insolidarios, si seguimos evadiendo el compromiso con la verdad y con la justicia, seguirá siendo vano vociferar grandes discursos, pues ellos, en el fondo, sólo servirán para enmascarar posiciones de absoluto egoísmo. Pero lo peor es que continuaremos encerrados en un laberinto del que no se sale, aunque veamos y casi toquemos la salida, y más nos enredaremos cuanto más tratemos de escapar para evadir la inevitable realidad.
Capitán (r) César A Castaño Rubiano
Bogotá

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