Martes, 21 de febrero de 2017

| 2002/04/22 00:00

Insensibles ante la enfermedad

Aunque muy interesante el relato de la tragedia de la familia Riascos

Insensibles ante la enfermedad

Aunque muy interesante el relato de la tragedia de la familia Riascos, el problema humano que encierra este flagelo va mucho más allá de lo tratado, ya que el mundo se volvió insensible ante las personas que por cualquier circunstancia se hallan enfermos, y no sólo contagiados por el VIH sino por enfermedades de alto riesgo o crónicas como la leucemia, el mal de Parkinson, el asma y la misma disfunción eréctil, por sólo enunciar algunas de ellas, se actúa de manera displicente y hasta arrogante con los pacientes. Veamos por que:

1. Los grandes laboratorios que producen tratamiento de estas enfermedades no les importa la persona sino su negocio y venden sus productos a precios exorbitantes que hacen imposible su adquisición para personas de medianos o escasos recursos económicos y ningún gobierno ha intervenido para solucionar este flagelo mercantil. Recordemos el caso de Africa donde se centró la lucha de los laboratorios genéricos con los comerciales para la distribución de medicamentos que paliaran esta grave enfermedad donde sólo personas particulares han luchado por lograr mayor sensibilidad de estas multinacionales.

2. Los medicos (no todos afortunadamente) casi siempre ante estas enfermedades tienen la solución mágica: “No hay nada que hacer, sólo esperar lo inevitable”. La medicina se volvió inhumana y es necesario que el paciente ruegue y suplique por una atención más profesional y menos lucrativa. Existiendo otras ramas de la medicina que luchan por hallar soluciones prácticas para estas enfermedades, como son la medicina natural, la homeopática, y la uroterapia, entre otras.

3. Los gobiernos a través de la EPS dejan al paciente solo y establecen sinnúmero de requisitos para lograr ser atendido y cuando lo logran, la solución siempre ha sido la misma: “Los medicamentos que le formulamos no los suministramos, por tanto le expedimos la fórmula para que los compre de su propio bolsillo y bajo su riesgo”.

En resumen el problema es tan grave que lo humano se volvió comercial y las fibras espirituales que acompañaban la medicina, se fueron alejando de la conciencia de nuestros profesionales.

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