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| 1/4/2009 12:00:00 AM

La grotesca realidad

'El teatro de lo absurdo’ (SEMANA, edición #1380), muestra un símil entre la ilustración de la triste condición humana y lo absurdo de la existencia, propio de esta corriente expresionista y la grotesca realidad representada virtualmente en los elementos folclóricos y politiqueros del proyecto reeleccionista, sin perder de vista otros propósitos dudosamente mesiánicos, como el de la reforma a la justicia, en buena hora fallida, por cuanto no consultaba la realidad nacional.

Es demasiado obvio afirmar que lo perverso del asunto radica en que mientras los papeles cómicos del teatro del absurdo de la reelección están a cargo de los consabidos áulicos, aliados y lagartos, que no dudarán en abstenerse de actuar o sobreactuar ante lo que consideran el inminente alargue de su jugosas prebendas burocráticas, las pinceladas de tinte trágico en el escenario colombiano seguirán corriendo por cuenta de millones de compatriotas sin acceso a la salud, a la justicia, a la educación, al empleo, etcétera. Y de los cuales también hacen parte las víctimas sombrías del desplazamiento, etiquetadas sin respeto alguno como ‘migrantes’ por José Obdulio Gaviria, el áulico mayor sin nominación oficial: los dolientes de los líderes indígenas y sindicales masacrados por las Águilas Negras, en la víspera del irónico Día de la Raza, sinuosamente señalados como usurpadores de tierras por un senador conservador de Cauca; los exhaustos corteros de la caña, explotados en forma grosera por el latifundismo del Valle; las madres de los jóvenes asesinados en Ocaña y otras regiones, víctimas de los inacabados falsos positivos de la seguridad democrática, y los eternos secuestrados, otra vez olvidados.

¿Quién entiende, entonces, cómo un gobierno al que tampoco le faltó la osadía para eliminar los ministerios de la Salud, del Trabajo, y de la Justicia y el Derecho, pretenda en tiempos de hecatombes financieras y económicas vender la quimérica ‘visión Colombia 2019’?

Ramón Francisco García
Bogotá
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