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| 8/13/2001 12:00:00 AM

La labor es de todos

De las pocas veces que he leído completo, un artículo de Antonio Caballero, fue el publicado por SEMANA en su edición #1.015 y titulado ‘Los bebés bomba’.

De las pocas veces que he leído completo, un artículo de Antonio Caballero, fue el publicado por SEMANA en su edición #1.015 y titulado ‘Los bebés bomba’. No ha sido el señor Caballero mi santo de devoción, sin que por ello desconozca sus calidades intelectuales y literarias, pero en el artículo de la referencia casi dibujó, anticipadamente, la triste realidad que nos espera a los colombianos si seguimos como estamos y como vamos. En efecto: si no cerramos la brecha entre ricos (unos pocos) y pobres (la gran mayoría), los primeros serán colgados de los postes y los segundos se ahogarán en su pobreza, si los empresarios siguen cerrando industrias para sacarle un mayor provecho económico a los lotes de terreno en que están asentadas, están con ello avivando el fuego de la violencia; si los sindicatos privilegiados no cesan en sus voraces pretensiones y privilegios, acabarán con el poco empleo que aún queda; si los que tienen el dinero no dejan de sacarlo del país para los bancos extranjeros y no lo invierten aquí, generando empleo y obteniendo unas utilidades sólo razonables y justas, a esto se lo lleva el diablo; si los obreros y empleados no trabajan con más honradez y eficiencia y sin reparos porque el patrono está ganando “mucha plata”, se les acabará el trabajo a los dos; si los que comen jamón y queso importados no se bajan al pollo y al pescado los pobres no tendrán para la arepa y los frijolitos. La labor es de todos y de todos los niveles, pues los unos no pueden existir sin los otros y viceversa, por cuanto la igualdad sería el acabose; pero las abismales diferencias son y serán siempre el caldo de cultivo para la violencia y el alimento de los violentos.
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