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| 7/22/1996 12:00:00 AM

A LA MEMORIA DE DOÑA MARINA

Deseo hacer referencia al ensayo 'Secuestro de una noticia' de María Mercedes Carranza en su edición #736. Primero para reconocer la genialidad de nuestro escritor de Aracataca, y segundo para hacer un poco de justicia a la memoria de doña Marina. Evidentemente era ella, la más ajena a todo cuanto aconteció. Era también, entre otras cosas, la de edad más avanzada, la única con sentencia anticipada, la única que no contaba con un medio masivo (léase El Tiempo, Hoy por Hoy, Enfoque y noticiero Criptón) a través del cual familiares y amigos le hicieran llegar permanentemente su solidaridad y su apoyo sicológico. Solo ella y Francisco tuvieron que soportar su cautiverio en solitario por tanto tiempo: habían transcurrido ya 49 días de lenta agonía en el olvido, la noche en la que Maruja y Beatriz, por razones del destino, son llevadas a la misma cárcel. Entre ellos hay que señalar al 24 de octubre, día en el que doña Marina cumplió 61 años. Desde un comienzo, toda la información hablada o escrita sobre ella y su secuestro fue pobre e inexacta. En general fue tan escasa, que a partir de aquel aciago 19 de septiembre, su familia y la propia doña Marina tuvieron que soportar el olvido de los medios de comunicación que, insistentemente, pedían la liberación de los periodistas, dejando a un lado su nombre. La cuenta de los días en cautiverio y las fotos de los demás infortunados aparecían día a día en todos los noticieros. Hero Buss el día de su liberación, con gran sentido de solidaridad, reclamó a sus colegas el abandono a que tenían sometida a doña Marina. En los últimos días del mes de enero, su foto comenzó a aparecer en la mencionada campaña de los noticieros de televisión. Todo el país pudo entonces verla, lamentablemente para ella fue demasiado tarde... en ese momento su cuerpo se encontraba ya en la morgue de Medicina Legal, o ya sepultado en la fosa común del cementerio del sur, luego de haber sido ejecutada a sangre fría de la manera más atroz y macabra. Al día siguiente de su secuestro, Carlos Jiménez 'Caliche', un vocero de los Extraditables a quien casi nadie dio credibilidad, hacía referencia a doña Marina como "la hermana del viejo ese que nos puso conejo". Olvidada de esta forma, y predestinada además a satisfacer una cruel sed de venganza, la degradación en su estado de ánimo descrita en el libro es entonces muy entendible. Estoy seguro que todos los secuestrados protagonistas de este drama, hicieron crisis en distintos momentos de su cautiverio. También estoy seguro que todos, incluyendo a doña Marina, tuvieron de igual manera momentos de valor y coraje. De todos, es ella la única que no puede defenderse, que no puede negar o corroborar cuanto se diga o se insinúe... Diana por los menos nos dejó su diario. Doña Marina Montoya de Pérez era una dama colombiana, venerable como lo han sido muchas de nuestras mujeres, esposas, hijas, madres, abuelas... heroínas de mil epopeyas anónimas, que con su lucha y sacrificio de cada día han hecho grande a este país. Estoy de acuerdo con María Mercedes cuando dice que, a doña Marina, los testimonios la maltratan con inclemencia. Mientras no se la haga justicia a su memoria, considero que "la noticia seguirá secuestrada". Mientras esto suceda, ¿qué conciencia podría estar tranquila? Julio Ernesto Prieto Rodríguez Bogotá
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