Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2007/05/05 00:00

LA MÚSICA VALLENATA

LA MÚSICA VALLENATA

He notado cómo SEMANA ha venido reduciendo en su edición impresa el espacio de las cartas que le envían sus lectores. Me imagino, si no estoy mal, porque algunos lectores quisieron volverse escritores (entre esos quien suscribe), y ganarse por el honor de una publicación en la revista, un beneficio particular, alejado de la objetividad que busca el semanario.

Sin embargo, vuelvo y les escribo, y vuelve a ser otra vez por cuenta del paramilitarismo, y para referirme especialmente a la entrevista que María Isabel Rueda le hizo a Poncho Zuleta en la edición #1304.

Conservo en mi archivo personal la grabación de una parranda en la que Poncho Zuleta dice: “Oye 40, mi hermano”. Y otra en la que su sobrino Iván Zuleta, el acordeonero de Diomedes Díaz, improvisa unos versos adulando a ‘39’, un reconocido jefe paramilitar, dizque por haber llevado la paz a un pueblo de Cesar.

Amo la música vallenata. ¿Cómo no amarla? Si ella nos da en verso lo que somos. Pero qué decepción tan grande el poder darme cuenta de que estos señores, valiéndose de la adarga del folclor, se hayan hecho grabar –en medio de parrandas– sus lúgubres concepciones paracas, sin advertir siquiera la gran responsabilidad que les asiste como mentores de un pueblo cada día más culturizado en la música de acordeones.

Por la flojera del Estado, el país se educó en el paramilitarismo durante los últimos 15 años, pero esto no justifica a aquellos a quienes teniendo el deber social de ejemplificar en lo correcto, optaron por el silencio y en algunos casos hasta por la complacencia.

La trascendencia del vallenato es tal, que aquello que hagan o digan los artistas vallenatos en sus trabajos musicales o en las parrandas se vuelve cosa de moda, cuentos, dichos, y hasta actos a imitar para sus seguidores. Sucede con todos los artistas en el mundo y por qué no habría de suceder en el vallenato, que ya es un ritmo universal, que tiene categoría propia en los premios Grammy. Una referencia de lo anterior es que el timbre de: “¡Viva la tierra paramilitar!, estamos en Astrea, la tierra de los paracos, ¡nojoda!”, dicho por Poncho Zuleta, supuestamente, fue tan popular entre los usuarios de telefonía móvil, que el que no le tenía estaba out.

Quizá la justicia un día dé cuenta de todo este zambapalo, como lo está haciendo con los políticos, por lo pronto, y hasta siempre, seguiré escuchando las bellas canciones de Poncho Zuleta –mi hermano y yo, así fue mi querer, mi salvación, soy parrandero y qué, río seco, río crecido, pa toda la vida, etcétera–, porque lo cierto es que sobre esas narraciones líricas de nuestro Magdalena Grande, no habrá jamás mácula alguna, así como en nuestro inefable folclor.
Ojalá Poncho pueda cantarle a su conciencia, como le cantó al pueblo hace más de 35 años en la canción Vueltas del destino, de su primer LP: “...Ya observé cómo el destino mira a aquel que hace sólo males...”.

Edgardo de Jesús Pérez Díaz
Bogotá


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