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| 7/29/1996 12:00:00 AM

LA PERDICION DE LA DEMOCRACIA

Quedé bastante cuestionado luego de leer el artículo sobre la permanencia del Presidente aparecido en la edición #737. Allí se habla de que la preclusión de la investigación, fue el fruto de una interpretación del sentimiento de las gentes de la provincia por parte de los parlamentarios. Yo, por el contrario, opino que si algo nos dejó el proceso 8.000 fue la demostración de que la corrupción en el Congreso es la perdición de la democracia. Los parlamentarios no buscaron satisfacer el "sentir de la provincia" como dice el artículo, sino más bien, procurar intereses burocráticos personales que nada tienen que ver con la labor para la que fueron elegidos, ni con una Colombia que se desangra. Para la muestra el hecho de que pocos días luego de la preclusión, los llamados 'lentejos', culpables de que no hubiese habido una oposición fuerte en el país, estén pidiendo puestos en la nueva distribución burocrática. El proceso fue una amañada senda hacia la preclusión, donde el pueblo no se vio representado en los congresistas, que fueron elegidos para hablar por nosotros, pero que irresponsablemente ni siquiera asistían a las sesiones del Congreso, o por la veeduría ciudadana, que pese a sus buenas intenciones, sus propuestas no tienen cabida dentro del esquema formal colombiano. Yo, por mi parte, condeno a Samper, aun creyéndole que "no sabía nada", porque si en realidad no tenía conocimiento de la entrada de dineros ilícitos, es entonces un gobernante peligroso, ya que no posee la habilidad administrativa para establecer mecanismos de control eficaces en cualquier negocio futuro que desarrolle Colombia y que un golazo como el que le metieron en la campaña se lo pueden meter en una posible licitación del canal del Atrato o en la industria petrolífera, provocando un desfalco económico que no podría soportar una Colombia resquebrajada en su aparato productivo y en sus gentes. Andrés Felipe Giraldo O. Medellín (vía Internet)
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