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| 12/14/1998 12:00:00 AM

MARCADAS CON EL SIGNO DE CAIN

He visto en la página 65 de la edición #862, de SEMANA, que han escogido como frase de la semana: "Las Farc actúan como Caín" y la han puesto como dicha por mí. Entiendo que la revista seguramente con muy buena intención, ha querido resaltar algo que he expresado en los últimos días, en dos ocasiones diferentes. La primera es la carta pública que envié al señor obispo de Santa Rosa de Osos el 21 de octubre pasado, con ocasión del crimen de Machuca, en donde afirmé: "La Iglesia Arquidiocesana de Bogotá, repudia la barbarie de quienes perpetraron este abominable crimen, que quedarán para siempre marcados con el signo de Caín, porque la sangre derramada clama al cielo, y las vidas segadas, el dolor de las heridas y el sufrimiento de toda la población, los señalará como criminales de la humanidad". La segunda, el pasado viernes 6 de noviembre, en la Eucaristía que celebré en la Catedral Primada, con motivo del XIII aniversario de la toma del Palacio de Justicia, en esa ocasión textualmente leí lo siguiente: "La barbarie contra los habitantes de Machuca, la toma cruel y sangrienta de Mitú, siguen reclamando del pueblo colombiano un rechazo total y sanción, porque toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de pueblos o de regiones con sus habitantes, es crimen contra Dios y contra el hombre que hay que condenar con firmeza y sin vacilación (Gaudium et Spes 80,4)". Y más adelante afirmé: "Duele que en Colombia se tienda, en el conflicto, a ignorar el valor y dignidad de la vida humana, vidas inocentes de la población civil y de los no combatientes. Los actores de la barbarie, llevarán para siempre el estigma de Caín, porque la sangre de los inocentes clama a Dios. Toda acción deliberadamente contraria al derecho de gentes es un crimen". Como ustedes pueden comprobar, la frase que ponen en mis labios NO es textual, el sentido de la misma, que es el señalar el signo o estigma de Caín, lo he aplicado para condenar todo irrespeto a la vida humana, que conlleve el derramamiento de sangre inocente, sean sus actores de cualquier grupo u organización. Mitú y Machuca se atribuyen a grupos guerrilleros diferentes y en ambos casos, sin mencionar el nombre del grupo, afirmé, porque es cierto, que quienes cometieron esos crímenes están marcados con el signo o estigma de Caín. Para mí, el que atenta contra la vida inocente, siempre tendrá la marca de Caín. Les ruego publiquen esta carta.+ Pedro Rubiano Sáenz, arzobispo de Bogotá
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