Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2001/09/03 00:00

No criticar, construir

Sobre el artículo de Antonio Caballero ‘Niños infelices’, quiero expresar mi desacuerdo en relación con lo “casuístico”

No criticar, construir

Sobre el artículo de Antonio Caballero ‘Niños infelices’, quiero expresar mi desacuerdo en relación con lo “casuístico” de actitudes como las del marqués de Sade, Andresito, Jack el Destripador, Sangre Negra… Mucho se ha estudiado por parte de los sicoanalistas, sociólogos, etc. acerca de estos fenómenos, encontrándose que este tipo de actitudes son el resultado del maltrato que de una u otra manera impacta negativamente sobre la mente humana… es que ser un niño infeliz no se da solamente en aquel a quien no castigaron físicamente, no educaron adecuadamente…, también lo son los niños aparentemente alegres, hijos de papi y mami pues sufren un tipo de “abandono” igual o peor que el del recién nacido expósito en la caneca de la basura, porque, “no había con qué alimentarlo” ya que a diferencia de los primeros, sus papitos están “muy ocupados” resolviendo asuntos de Estado, definiendo la suerte económica de un país o de un departamento o simplemente haciendo “hoyo en uno” en el Country Club. Igualmente existe una causa, un móvil, para que seres con experiencias dolorosas vuelquen toda su energía para hacer el bien... tampoco es casuístico.

Ahora bien, como lo verdaderamente importante no es criticar, sino ayudar a “construir” pienso que los seres humanos y en especial los colombianos, debemos hacer un gran esfuerzo para dejar atrás los errores del pasado y concentrarnos en formar en valores a las nuevas generaciones… que todos asumamos con verdadera responsabilidad el papel que nos corresponde, que las madres y padres nunca nieguen un beso o un abrazo a su hijo, que guíen las tareas con dedicación, que no dejen que la televisión y el Nintendo sean su única compañía, que los profesores no cachen clase ni los engañen con “exposiciones” para encubrir la pereza de adentrarse en las tendencias modernas de la pedagogía que nos llevan a abandonar con donaire la única fórmula de la clase magistral. No quiero decir que no hay “maestros“ buenos en nuestro país, gracias a que ellos existen podemos tener esperanzas de sembrar amor donde hubo odio, conocimiento donde sólo ha florecido la ignorancia, entusiasmo donde ha campeado la desidia…

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