Lunes, 16 de enero de 2017

| 2007/11/03 00:00

Qué es ser colombianos

Qué es ser colombianos

En la edición #1329 de la revista, dos títulos de la misma, ‘Lo que está en juego’ y ‘El sueño americano’, amén de muchos títulos que aparecen a diario, me llevaron a pensar en la idiosincrasia y esa raza que se formó en el crisol de las regiones del país, que aunque diferentes en costumbres y aun en el lenguaje, tenemos en común el país que nos define como ‘colombianos’. Y es ese factor común el que nos conduce a la pregunta de por qué somos tan autodestructivos, por qué en la política, en el deporte,y en nuestro quehacer diario, miramos a nuestro contrario como el enemigo a destruir, porque, no nos digamos mentiras, la palabra solidaridad, esa que tanto se cacarea como una característica nuestra, no pasa de ser una linda palabra de diccionario, pero que en el fondo, sabemos, la usamos sólo movidos por nuestra conciencia, cuando la practicamos sin convicción. No es la regla general, es cierto, pero las noticias de líderes políticos asesinados y amenazados, cuyo único pecado no es querer ejercer la política no importa el bando, sino ejercerla sin la protección y las garantías de las que sí gozan los grandes gamonales de nuestro país, nos mueve a la duda. En Colombia hay dos maneras de hacer política: pobremente en pueblos olvidados, y opulentamente como se hace un las ciudades principales, donde el derroche de recursos y dinero dejó de ser sospechoso a pasar a ser ofensivo. Y ni qué hablar del otro título, ese desnuda también el sueño del colombiano común de hacerse rico y amasar fortuna así toque “amasar” a uno o muchos hermanos de la tierra, ejercicio que practican con bastante éxito paras y guerrilla. En un viaje, cierta vez coincidiendo con un turista europeo que ponderaba las maravillas y bellezas de Colombia, le pregunté por algo que debía haber visto malo o que no le gustara y su respuesta me dejó al principio ofendido, pero después, pensativo: “lo único malo de Colombia es que está lleno de colombianos que lo destruyen todo”. Imaginando entonces cómo sería esta amada y sufrida tierra, habitada por ejemplo por los suizos, se llega a la azarosa y escalofriante conclusión de que estamos en manos de nosotros mismos.

 William Castaño V.
Medellín

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