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| 8/2/1999 12:00:00 AM

A QUE SE DEDICAN

Viendo las imágenes del inverosímil linchamiento de un humilde zapatero en Chinchiná,
Caldas (SEMANA #893), muchas dudas y graves preocupaciones nos asaltan frente a la apatía culposa de
nuestras autoridades.
Con todo el respeto: si nuestra policía está decidida a no cumplir con su principal obligación de mantener
el orden y defender la vida de los ciudadanos (como están las cosas suena ridículo mencionar la honra y los
bienes), entonces que por lo menos nos expliquen cuál es su función; qué justa retribución podemos esperar
los colombianos a cambio del sueldo que, gustosamente, les pagamos; qué clase de instrucciones reciben
para enfrentar momentos como estos. Porque los colombianos no violentos, que somos la mayoría,
necesitamos saber si podemos contar con ellos. Las personas encargadas de ejercer la autoridad, o sea,
de hacer cumplir las leyes, se quejan con frecuencia de que deben rendir cuentas a la justicia en casos de
excesos cometidos durante el cumplimiento del deber. Los degradan, les quitan las charreteras, etc. Pero
deben tener en cuenta que eso ocurre en todo el mundo, no solo aquí. En Estados Unidos cerca de la mitad
de sus policías están rindiendo cuentas y pasando informes diariamente por abusos cometidos en el
fragor de su trabajo. También hay soldados y oficiales que, todavía, están enjuiciados por atropellos a civiles
en Vietnam. Pero no por eso, ni policías ni soldados dejan de cumplir con su deber de aplicar la ley. La
milicia es una vocación, como el sacerdocio y la medicina. Quien no esté dispuesto a arriesgar su vida
en defensa de la ley, es mejor que se dedique a otra cosa.
Julio Salleg Sofan
Montería
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