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| 9/9/2002 12:00:00 AM

Querido soldado:

Quiero que sepas que en este duro caminar entre armas, balas, tristeza y llanto que debes recorrer, no estás solo, pues Jesús Nuestro Señor está contigo y te ha llevado sobre su espalda en aquellos momentos en que tus fuerzas físicas y espirituales se han desvanecido.

Quiero que sepas que en este duro caminar entre armas, balas, tristeza y llanto que debes recorrer, no estás solo, pues Jesús Nuestro Señor está contigo y te ha llevado sobre su espalda en aquellos momentos en que tus fuerzas físicas y espirituales se han desvanecido.

Puedes también estar seguro que aunque jamás nos conozcamos, tendrás mi apoyo espiritual y el de mi familia, que nos sentimos orgullosos de la valentía y el esfuerzo con el que luchas por nuestra libertad, y digo libertad porque somos esclavos de la opresión de los violentos, de su ambición y de su soberbia.

Cuenta con nuestra oración, pues mi esposo, mis hijos y yo nunca olvidaremos que gracias a ti, hasta el día de hoy estamos juntos y con libertad. Dios te bendiga, un gran abrazo.

Olga Lucía Suárez

Zipaquirá
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