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| 11/16/2002 12:00:00 AM

Querido soldado:

Te escribo desde Bogotá, esa ciudad que no ha sido tan golpeada por los terroristas pero que igual siente el peso de la guerra.

Te escribo desde Bogotá, esa ciudad que no ha sido tan golpeada por los terroristas pero que igual siente el peso de la guerra.

Te expreso mi gratitud y te envío mi voz de aliento pues sé que no es fácil estar lejos de tu familia afrontando situaciones extremas. ¿Sabes? Una persona muy cercana a mí trabajó con militares por mucho tiempo y ha despertado una gran admiración por la labor que todos ustedes realizan, yo desde muy dentro de mi ser oro por ti y por tus compañeros para que el Señor Jesús los bendiga y los guíe, desde que estemos bajo su amparo y fortaleza nada ni nadie nos hará daño. Animo amigo, no desfallezcas, te admiramos y esperamos tu regreso a casa, cuídate mucho. Gracias por leer mi carta pues sé que estás muy ocupado. Me enorgullece saber que estas pequeñas líneas cumplieron con su propósito, hacerte sentir parte de nuestro corazón, nuestra mente y nuestra vida.

Claudia Patricia Ramírez

Bogotá
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