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| 7/16/2001 12:00:00 AM

Un parrandeadero histórico

En el libro-entrevista Palabras pendientes dice López Michelsen que, al salir de Rondinela, un “parrandeadero” situado en San Cristóbal, a los doctores Eduardo Santos y Laureano Gómez les entregaron cambiados los abrigos,

En el libro-entrevista Palabras pendientes dice López Michelsen que, al salir de Rondinela, un “parrandeadero” situado en San Cristóbal, a los doctores Eduardo Santos y Laureano Gómez les entregaron cambiados los abrigos, y que “Santos encontró en uno de los bolsillos del abrigo una carta amorosa que Laureano Gómez le había escrito a una de las meseras del establecimiento”.

En la revista SEMANA #990, María Isabel Rueda escribe: “¿Sí será cierto que Laureano Gómez y Eduardo Santos se distanciaron políticamente porque coincidieron en un prostíbulo?” (el subrayado es mío). Es indudable que el cambio que ella hace de “parrandeadero” por “prostíbulo”, palabra esta que no aparece en el libro del doctor López, va en detrimento y empaña la memoria de dos ciudadanos muy respetables cuyos nombres pertenecen a la historia de Colombia.

Rondinela, situado a orillas del río Fucha, era uno de esos acogedores sitios bogotanos en donde la música folclórica colombiana del interior, entronizada en los altares de la francachela, era la dueña soberana de un ambiente en el que el aroma de exquisitos platos estimulaba el apetito y los finos licores ponían a la gente a cantar y a recitar, mientras los políticos aprovechaban para armar sus estrategias.

Con el bellísimo nombre de Rondinela (pequeña golondrina en italiano) se conoce el hermoso pasillo que el maestro Alberto Castilla Buenaventura compuso en homenaje a dicho “parrandeadero”, del que era asiduo visitante. El maestro Castilla fue fundador del Conservatorio de Música de Ibagué y autor del bunde y de la guabina tolimenses, a más de muchas otras célebres composiciones musicales.
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