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| 10/27/2007 12:00:00 AM

Una primera observación

Aparentemente sólida es la lógica de la tesis de Daniel Coronell al iniciar su columna ‘Reescribamos nuestra historia’ (edición #1329) cuando dice: “En ninguna democracia es normal que los gobiernos se autoinvestiguen y se autoabsuelvan. No hay garantía de independencia cuando los subordinados de un Presidente son los encargados de certificar su buena conducta”. Una primera observación, basada en la misma lógica sería: no hay garantía de objetividad, frente al público lector, que los mismos colegas periodistas otorguen premios a los miembros de su gremio. En ambos argumentos está implícito el equilibrio de los poderes. Contra la ‘certificación’ del funcionario de Aerocivil cabe una acción de la Fiscalía, si fuere del caso; así que el funcionario no está por encima de la ley y por lo tanto no somos una república bananera, como peyorativamente se refiere Coronell al país. Por otra parte, proponer como argumento un desmentido que no ocurrió, sencillamente manipula perspectivas de tiempo. En 1983 no había bases para suspicacias sobre Pablo Escobar, un parlamentario dentro del sistema legal. De la afirmación de Uribe “si a uno le dicen que se está montando en un helicóptero de Pablo Escobar, no se monta”, no se desprende la interpretación de Coronell: “El doctor Uribe no sabía quién era el dueño, pero sí sabía que no era Pablo Escobar”. Ese confusionismo se cae contra la evidencia suministrada por el señor Juan Gonzalo Ángel Restrepo en su nota a SEMANA. La lógica de Uribe es sencilla: “Si a mí me dicen que ese helicóptero está dañado, no me monto”; pero Coronell la tergiversa confundiendo Pablo Escobar versión 1983 con Pablo Escobar versión 2007 volviendo suspicaz la aseveración del Presidente porque en ese momento (1983) no conocía el futuro, dejando de lado, además, la respuesta hipotética del Presidente, no la aseveración que supone Coronell. Por otra parte, si la Aeronáutica Civil, según lo dice Coronell, no puede probar cuál es el helicóptero del enredo, está la afirmación de  Juan Gonzalo Ángel Restrepo que puede ser investigada y que desmiente a Coronell. ¿Y cuál es el propósito de las notas de Coronell y la defensa del Presidente? Sencillo: el poder. La credibilidad es la base fundamental del poder; destruirla es el propósito del enemigo. Sin embargo, cuando Coronell es cuestionado por un lector quien revela otros aspectos que están bajo investigación sobre su actividad como periodista, se le quita la ventaja moral que lleva David (Coronell “yo voy a pie, usted a caballo, Presidente”) al enfrentarse con Goliat (el Presidente), pues el lector común y corriente que lo cuestiona representa, al fin y al cabo, el poder de la opinión. No creemos que Coronell sea un Bob Woodward, ni Uribe Nixon con un Watergate, ni estamos en 1972. 

Pedro Aja Castaño
Barranquilla

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