Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

Valenzuela y compañía versus Lloreda

Valenzuela y compañía versus Lloreda

Sorprende del artículo titulado 'Pelea de estrato 10', el hecho de que para responder a SEMANA, Luis Fernando Ramírez y Luis Carlos Valenzuela sostuvieron una reunión con sus periodistas, de cuyo contenido se hizo caso omiso, no obstante la precisión de la información proporcionada. Para empezar, cabe recordar que a los asistentes a la reunión se les explicó que Sumatoria nunca ha sido banquero de Lloreda, sino contraparte. El banquero de Lloreda fue Invercor. Lloreda jamás tuvo contrato alguno, ni con Sumatoria, ni con sus socios. Esa es una de las mayores falsedades del artículo. Es falso también que Sumatoria haya sido contactada para la venta de las acciones de Spie Capag. Lloreda lo sabe. Los periodistas lo saben. Lo más importante, quienes con objetividad jurídica analizan el caso, también lo saben. Obvia la revista mencionar que hace dos meses la Superintendencia de Sociedades sancionó a Lloreda por haber transado acciones sin autorización de la junta. A los periodistas se les entregó la resolución sancionatoria, que es la única decisión jurídica hasta ahora tomada en este caso. No obstante la gravedad del fallo, la revista hizo caso omiso. Olvidó mencionar el artículo, teniendo pleno conocimiento de ello, que en el proceso que cursa en la Fiscalía contra Lloreda por transar acciones como miembro de junta con información privilegiada, fue abierta indagatoria en su contra. Grave imputación para este proceso el que SEMANA afirme que Lloreda estaba especulando, ya que esto es lo que implica la denuncia de la periodista cuando dice que: "Por ser socio tenía la primera opción de compra y la posibilidad de adquirir las acciones baratas y revenderlas a 1,15 dólares con una importante utilidad". El que Valenzuela y Lloreda firmaron un acuerdo de confidencialidad entre ellos es falso y la periodista lo sabe por los documentos que tiene en su poder. El único acuerdo de confidencialidad que existe es entre Transgás y Sumatoria. Igualmente, olvidó que el presidente de Transgas, en declaración juramentada, afirmó que no conocía de violación alguna al Acuerdo de Confidencialidad entre Transgás y Sumatoria. Aunque se menciona que el contrato de confidencialidad excluye expresamente la información de carácter público, se olvida explicar que Sumatoria conocía en detalle la empresa, ya que esta había sido estructurada por Valenzuela. Se olvida informar que Sumatoria había hecho previamente ofertas por títulos de Transgás. Se olvida mencionar que la información de la empresa reposa en su totalidad en las Superintendencias de Sociedades y Valores. Todo esto se olvida, pese a que se entregaron tres gruesos archivos que contenían toda la información pública pertinente para realizar la transacción. Cabe recomendar a SEMANA que permita que la justicia actúe sin premeditada manipulación, ya que esto es la esencia del respeto a la institucionalidad. Para efectos de mantener SEMANA su bien ganada prestancia periodística, es pertinente que no olvide la importancia de la objetividad y del rigor en la investigación. En este caso no hubo ni lo uno ni lo otro.

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