Domingo, 1 de febrero de 2015

| 2004/10/15 00:00

La marcha indígena

Fue el fin de una etapa cuya organización tomó casi un año, y el inicio del proyecto central que es la interlocución con otros estamentos sociales sobre temas que ellos presentan.

Juan Manuel López Caballero Foto: Juan Manuel López Caballero

En una reunión de gente bien informada se mencionó que la marcha de los indígenas nació de la detención de uno de sus caciques, y que se había disuelto cuando lo liberaron. A pesar de lo absurdo que es pensar que una organización podría movilizar en menos de una semana entre 60.000 y 80.000 personas en el sur del país, y proporcionalmente poblaciones equivalentes en el resto del país (Pereira, Montería, Riohacha, Valledupar, etc.), esta puede ser una visión generalizada como consecuencia del tratamiento que le dieron los medios de comunicación.

Sin representar la vocería de los organizadores, creo que vale la pena que se divulguen el origen, la razón, contenido, etc., de esa marcha, de acuerdo con la versión de ellos.

En la historia y en todos los rincones de la Tierra -especialmente en América-, la confrontación entre los mundos indígenas y la 'civilización occidental' ha significado la destrucción de sus valores y costumbres, el desalojo de sus tierras y, en general, la imposición de una 'civilización' ajena, que atropella y no respeta la suya.

Excepcionalmente se ha morigerado esto mediante leyes que han logrado sacar adelante quienes creen en el derecho a la diversidad, y/o que, porque las conocen, defienden el valor de sus culturas y su derecho a existir. Entre nosotros, por ejemplo, quedaron en el pasado las oscuras -aunque no remotas- épocas de las Guahibiadas (cacerías de indios Guahibos en los lejanos Llanos), y recientemente se había impuesto la visión respetuosa y protectora de todas las etnias (reconocimiento de sus autoridades, creación de resguardos, desarrollo de su identidad, etc.).

Pero la globalización, el modelo neoliberal y la imposición del mercado como ordenador único del mundo eliminaron esa posibilidad y llevaron a que la desaparición de esas culturas parezca inevitable, pues la mayoría de sus principios es contraria o, por lo menos, ajena a lo fundamental de este 'nuevo mundo'. Su concepto de propiedad, su relación con el ambiente, la naturaleza de sus autoridades y, en general, sus valores y tradiciones no coinciden ni se pueden insertar en una sociedad globalizada alrededor del sistema capitalista y pseudodemocrático que, como el 'fin de la historia', representaría la opción única e ideal.

Esto produjo las manifestaciones y luchas por el poder de los pueblos indígenas de Latinoamérica, como Chiapas, Guatemala, Ecuador, Perú y Bolivia. En Colombia, dado lo reducido de su población y lo disperso de sus etnias, el proceso de toma de conciencia y organización es más difícil, más lento y en términos realistas seguramente más débil, pero es en esencia el mismo.

En el Congreso de Etnias Indígenas, en pasado octubre de 2003, se planteó la necesidad de una organización comunitaria para una acción concreta y se decidió realizar una serie de foros para debatir con el resto de la sociedad colombiana lo que consideran la verdadera problemática nacional. Es decir, su cuestionamiento a la actual 'cosmovisión' imperante (en la cual el desarrollo físico y tecnológico es el único objetivo, donde la destrucción del ambiente parece un costo necesario y la vida no tiene dimensión diferente del éxito, medido prácticamente solo en términos económicos, etc.) y la presentación de su propia cosmovisión, en la cual la vida misma, la armonía con el entorno, la dignidad y el respeto por la naturaleza son los elementos fundamentales.

En este proyecto se decidió que su lanzamiento sería una minga (acción coordinada de toda la comunidad), consistente en una marcha de todas las etnias invitando a participar en esos foros.

Es ella, por tanto, la culminación de una etapa cuya organización y montaje ha tomado casi un año y, al mismo tiempo, el inicio del proyecto central que es la interlocución con otros estamentos sociales alrededor de los temas que ellos presentan. Por eso, no presentaron reivindicaciones indígenas propiamente, sino cuestionamientos y una invitación a debatir ciertas políticas que afectan al conjunto de la población colombiana: tratado de libre comercio, políticas de 'seguridad democrática', reformas constitucionales, etc.

La intensificación de los crímenes contra diferentes grupos indígenas (entre ellos, el asesinato de Freddy Arias, el líder Kankuamo, principal promotor y organizador del Congreso de Etnias) la atribuyen a que este proceso organizativo, al movilizar las comunidades a tomar posiciones afirmativas respecto a determinados temas, ha creado situaciones que 'molestan' a quienes estaban acostumbrados a imponerles cualquier regla por la relativa pasividad que los caracterizaba.

El gobierno consideró esto 'oposición' y decidió tratar de impedirla:

El Presidente se reunió con líderes del Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC, para proponerles que desistieran de la marcha, y que en una reunión con ellos podría negociar o acordar políticas que satisficieran sus pretensiones; argumentó que la marcha era innecesaria por cuanto los derechos indígenas eran reconocidos, e inconveniente hasta por el peligro de que en caso de erupción del volcán Galeras no estuviera despejada la vía; ante la negativa de sus interlocutores, que le señalaban que no entendía el propósito de la marcha, les dejó la conclusión de que él en ningún caso podía permitirla (este miniconsejo comunitario no tuvo el beneficio de la difusión por los canales y medios que dependen del gobierno). Vinieron entonces el cierre de la emisora Radio Nasa de Toribío, la revisión de todos los equipos de comunicación de los diferentes cabildos por parte del Ministerio de Comunicaciones, la militarización del Cauca y una visita del Ministro de Defensa, quien sugirió que su deber era impedirla con la Fuerza Pública ante el riesgo de manipulación o infiltración por parte de los actores armados y de la obstaculización del tránsito de vehículos. Se le contestó que solo si se daba ese caso tendría razón para intervenir (en la marcha sí se dio un intento de infiltración, pero por parte de un agente del F-2, el cual devolvieron a las autoridades oficiales; en los cinco días de marcha no se perturbó la circulación).

El Presidente en última instancia ofreció realizar un Consejo Comunitario especial donde se tratarían los temas que querían proponer, a lo que le fue respondido que el diálogo al cual invitaba era con todo el país y no solo con el gobierno. A juicio de ellos, la última presión fue la detención de Alcibíades Escué, director de AIC, la ARS indígena, a la cual el Alcalde de Riohacha a solicitud de todos los grupos Wayuú (indígenas guajiros) había adjudicado los contratos de manejo de su salud, y de Shirley Albor, médica indígena y administradora de la misma entidad en el Cauca.

Por eso, durante la marcha, declararon que consideraban esto un 'secuestro político', y que se quedarían en Bogotá hasta su liberación los 350 miembros de la guardia indígena (que, como los Bobbys ingleses, no tienen armas sino solo bastones). Terminada la marcha fue liberado Escué, por falta de acusación o de pruebas, y en Cali se mantuvo una asamblea de 20.000 indígenas hasta que se cumplió la orden de liberar también a Shirley.

El mandato y los documentos están en http://www.nasaacin.net/noticias.

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