Sábado, 27 de diciembre de 2014

| 2002/12/09 00:00

El gran (tipo de) cambio del sur

El continente ya porta el virus cambiario que moldeará su futuro.

El gran (tipo de) cambio del sur

¿Será que estoy viendo mal? Al menos por estos lados nadie parece notar la montaña, pero creo que, más que el famoso "default" de Argentina, que pasó sin que pasara nada, o la amigable reestructuración de la deuda externa brasileña, que estará a cargo del nuevo Lula-estadista, o el reventón ecuatoriano, que será tan doloroso pero tan limitado en sus consecuencias como la amputación del dedo meñique, lo que va a moldear el futuro económico de América Latina es la nueva competitividad cambiaria del Mercosur.



Desde la flotación del real brasileño hace cuatro años el precio del dólar subió en ese país 210%, y la inflación acumulada no alcanza 40%. En Argentina el dólar trepó este año 250%, y la inflación no llega al 50%. Ni llegará pues en los últimos dos meses ha sido menor que la colombiana. Con semejante ganancia de tipo de cambio real el Tíbet podría exportar cocos. Pero la ganancia se presentó, precisamente, porque Argentina y Brasil tienen ingentes recursos desempleados, que podrán dedicar a sustituir importaciones y a exportar.



En las estadísticas de Brasil y Argentina la cosa apenas comienza a registrarse en un superávit comercial creciente, que suscita exclamaciones de incredulidad entre los analistas internacionales, que habían preferido creer que el único efecto del alza del dólar sería mayor inflación. Pero la "reasignación de los recursos" a raíz de ese enorme cambio en los precios relativos es inevitable y nos afectará de varias maneras. Voy a mencionar dos.



La primera es la viabilidad de un inicio firme del ALCA, el esquema para la integración continental a partir del 2005. Hace un tiempo, con Argentina en recesión y una moneda sobrevaluada, y con un Brasil todavía inseguro de su musculatura cambiaria, no le habría apostado a la iniciación del ALCA antes de un lustro, excepto como una formalidad burocrática. Hoy no. Lo que antes era impensable para los dos mayores países de Sudamérica luce ahora --o va a lucir, cuando despierten del todo-- como una maravillosa oportunidad, pues con ese tipo de cambio real sus productores no tienen razón para temerles ni a los más eficientes competidores mundiales.



No me extrañaría que fuera Estados Unidos quien comenzara a arrastrar los pies y a ponerle obstáculos a la integración. Pero creo que los productores colombianos, muchos de los cuales han venido contando con que la reticencia de Brasil a una rápida integración continental les permitirá contar con plazos exagerados para la desgravación, se van a encontrar de la noche a la mañana con sorpresas difíciles de asimilar.



La segunda consecuencia será el desplazamiento de las exportaciones de otros países latinoamericanos por ventas argentinas y brasileñas. La reasignación de recursos de esos dos grandes del Mercosur, que suena tan inofensiva en el papel, representará una influencia depresiva sobre el resto de la región y contribuirá a gestar una crisis de balanza comercial en la mayoría de esos países, exceptuando solo los que permitan que sus monedas reaccionen con rapidez a los cambios en la balanza comercial, en lugar de limitarse a financiar los déficits externos hasta reventarse.



Insisto: a menos que la inflación reaccione con mucho vigor en Argentina y Brasil, hasta eliminar su actual exceso de competitividad cambiaria, el continente porta un potente virus cambiario, que tendrá el efecto positivo de barrer los obstáculos a la integración continental, pero acabará induciendo devaluaciones reales o recesiones severas en la mayoría de los países del área.

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