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| 2012/01/07

No fue fácil

El padre Darío Echeverri le contó con lujo de detalles al portal Kien y Ke cómo fue el entierro de Alfonso Cano, una difícil labor que le encomendó la alcaldesa encargada Clara López y que él llevó a cabo con total sigilo. El proceso tuvo todo tipo de contratiempos: el cementerio seleccionado en el norte de Bogotá se negó a recibir el cuerpo y el médico que levantó el acta de defunción no tenía registro en la capital. Por esas razones, el ataúd acabó dando vueltas por Bogotá todo el día en la búsqueda de otro cementerio que lo recibiera. Finalmente, el cementerio Paraíso ofreció sus servicios y de noche fue enterrado con la asistencia solamente de dos familiares, un sobrino y una hermana. Es imposible identificar su tumba pues por petición de su familia, que no quiere que nadie profane sus restos, el nombre fue cambiado.

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