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| 2013/07/06

¡Qué regalazo!

El maestro Fernando Botero, quien había adquirido un yate para pintar en alta mar, después de cinco años de uso llegó a la conclusión de que era mejor hacerlo en tierra firme. Por eso, decidió transferirle la propiedad del barco a sus tres hijos Fernando, Lina y Juan Carlos con una condición: que ellos asumieran el costo de mantenimiento del mismo. El negocio es redondo porque ese tipo de yate es muy cotizado y cualquier suma que se invierta en el mantenimiento se acaba recuperando en el momento de la venta. Los hijos acordaron mantenerlo unos años y después ponerlo en el mercado. 
 

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