Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1983/08/22

SUSTO DE GABO

Un incidente curioso le sucedió recientemente a García Márquez. Llegando a un semáforo se le cerró un jeep. Del jeep se bajó un hombre. Tanto su conductor, un veterano ex guerrillero liberal que siempre anda armado, como la escolta del F-2 -impuesta por iniciativa del propio Presidente Betancur-, desenfundaron las armas y se prepararon para enfrentar la situación. Cuando cualquier cosa hubiera podido pasar, el hombre alcanzó a ver la cara de García Márquez, lo reconoció, registró el ambiente de "balacera" y en un acto de instinto de conservación subió rápidamente a su vehículo, arrancó y se despidió haciendo la "V" de la victoria con la mano y gritando "¡adiós maestro!". Con curiosidad de novelista, García Márquez ordenó seguirlo y le hizo señas para que parara, pues quería conocerlo. Después de un grato intercambio de impresiones sobre lo que cada uno había sentido, se aclaró el incidente. El conductor del jeep era un samario del F-2 quien, al ver que había una lata atravesada en la mitad de la calle, decidió prestar el servicio de retirarla.

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