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| 1/1/2018 12:00:00 AM

El Estadio Metropolitano de Barranquilla, el templo de la selección

Cuando Colombia y Barranquilla se unen existe una sensación de camino resuelto: la de llegar a los mundiales.

Soy consciente de lo que he hecho y es suficiente. Esperemos y démosles la responsabilidad a los otros jugadores, todos con grandes condiciones”. Con esas palabras anunció su retiro Willington Ortiz, mítico delantero colombiano, considerado uno de los jugadores más importantes de la historia del fútbol nacional.

Lo dijo el 9 de marzo de 1989 ante un estadio Metropolitano de Barranquilla totalmente lleno. Aquel día el partido cumplió dos propósitos: homenajear al viejo Willy y dar inicio a un romance al que varias generaciones de colombianos han asistido en directo o por televisión.

Colombia le ganó ese amistoso a Argentina por 1-0 con gol del delantero guajiro Arnoldo Iguarán a los 15 minutos del primer tiempo, y cinco meses después, el domingo 20 de agosto, debutó oficialmente en el Metropolitano en el marco de las eliminatorias al Mundial de Italia 1990. Un 2-0 sobre Ecuador (dos cabezazos de Arnoldo Iguarán), le dieron al país una pequeña alegría que en algo compensó el luto por la muerte de Luis Carlos Galán, asesinado dos días antes del partido.

Cuando se indaga sobre la historia del Metropolitano, internet, artículos de prensa, aficionados y periodistas coinciden en que los barranquilleros consideran su equipo local a la Selección Colombia, por encima del Atlético Junior. Una prueba fehaciente del sentido de pertenencia que siente por el equipo de todos esa ciudad a la que el periodista Fabio Poveda Márquez llamó por primera vez ‘La casa de la selección’. Vital en cinco clasificaciones (1990, 1994, 1998, 2014 y 2018), Barranquilla y el onceno patrio solo faltaron a la cita de 2006. Para los mundiales de 2002 y 2010, La Arenosa vio con dolor cómo las eliminatorias se disputaron en otra sede: Bogotá. En la capital del país se jugó contra Perú uno de los dos partidos que dieron el tiquete al mundial de 1962.

La casa grande, un libro del barranquillero Álvaro Cepeda Samudio, cuenta la historia de la masacre de las bananeras, ocurrida en 1928. En paralelo, subyace el relato de quienes habitan La Gabriela, un lugar en el que los miembros de la familia encaran un destino irrevocable. Cuando la Selección Colombia juega en Barranquilla tiene esa misma sensación de camino resuelto. En este caso, la sensación de llegar a los mundiales.

*Periodista de Especiales Regionales de SEMANA. 

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