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| 12/15/2017 12:00:00 AM

Esto es lo que contamina nuestras fuentes hídricas

Un toxicólogo explica por qué hoy nuestros ríos se han convertido en cloacas.

Los ríos constituyen la principal fuente de vida en los continentes, y aunque sin ellos no podría existir la civilización como la conocemos, son abandonados a su suerte o utilizados sin criterios de sostenibilidad. En Colombia, como en otros países, estos cuerpos de agua son cloacas de las urbes y fuente del líquido vital para muchos acueductos. En la mayoría de los casos, las poblaciones más vulnerables están ubicadas río abajo; sin queja alguna, recibiendo los residuos arrojados aguas arriba, menguando de forma sostenida su salud y la de su progenie.

Estudios realizados por el doctorado en Toxicología Ambiental de la Universidad de Cartagena han evidenciado problemáticas de contaminación ambiental en el Magdalena y en varios ríos del país. Las implicaciones de estos hallazgos en la salud apenas salen a la luz, no por la ausencia de impactos, sino por la falta de estudios científicos. El río Magdalena es el ejemplo de una dualidad perversa que doblega las esperanzas de quienes viven en su cuenca. Por un lado, las principales capitales andinas del país le vierten sus aguas residuales, buena parte sin tratamiento alguno; y en su zona baja, millones de personas utilizan el líquido contaminado para su supervivencia.

La conexión entre el río y la salud de sus habitantes es inquebrantable. Muchos contaminantes llegan al agua y sedimentos de las fuentes hídricas o sistemas cenagosos asociados, y desde allí inician un recorrido a través de la cadena alimenticia que termina en los humanos, especialmente por consumo de peces. Entre estas sustancias se cuentan los metales pesados, pesticidas, dioxinas, hidrocarburos aromáticos polinucleares, y contaminantes emergentes. Estos tóxicos generan alteraciones celulares cuyo resultado, a diferentes escalas de tiempo, compromete órganos vitales, siendo las mujeres embarazadas y los niños los grupos más vulnerables.

Datos recientes señalan que el Magdalena tiene problemas desde cerca de su nacimiento hasta su desembocadura. Dos de los puntos críticos de especial toxicidad en sedimentos son la desembocadura del río Bogotá y Barrancabermeja. En el sur de Bolívar el río incorpora metales pesados y plaguicidas, agentes cuya exposición ha sido asociada a malformaciones frecuentes en esta región, como el labio leporino y paladar hendido; pero también a déficits de inteligencia, lo cual limita el acceso a educación superior, aumentando la brecha de la pobreza.

Descifrar los ríos

Los pocos estudios existentes vislumbran solo la punta del iceberg, es decir, lo que ocurre para un pequeño grupo de contaminantes, siendo uno de los más comunes el mercurio empleado en minería aurífera. En el Bajo Cauca existen reportes sobre efectos neurológicos derivados de la exposición a este metal, el cual llega a las personas por consumo de peces provenientes de áreas contaminadas. En una muestra de mujeres de Quibdó, el grupo con abortos espontáneos, presentó niveles de mercurio en cabello estadísticamente superiores al que nunca ha tenido estos eventos. En el Atrato, varias investigaciones han identificado en peces, además de mercurio, otros metales como cesio y rubidio, con efectos poco documentados.

Pero el problema mayor con el mercurio está en el Amazonas, en donde las comunidades indígenas que habitan algunos de sus ríos tienen los niveles más elevados encontrados en el país. Allí este metal pone en riesgo la supervivencia de estos colombianos y es necesaria una intervención a la mayor brevedad.

En La Mojana las concentraciones de metales pesados en sus habitantes exceden las normas internacionales, y están ligadas con el daño genotóxico en la población. Pero algo pasa en nuestros ríos, y como no pueden hablar, debemos descifrarlos. En el Canal del Dique, al final del Magdalena, varias especies de peces tienen cientos de parásitos denominados nemátodos. En nuestra más reciente investigación, descubrimos uno especial, de longitud entre 5 y 29 milímetros, y menos de 1 milímetro de diámetro, cuyo genoma no concuerda con organismos similares, es quizás una nueva especie. Un monstruo en miniatura, alojando miles de larvas dispuestas a colonizar otros organismos, tal vez al hombre; la incertidumbre abruma.

Al final, la contaminación de los ríos llega al mar y allí hay peces, los mismos ofertados en restaurantes, tal vez aquellos donde los de siempre discuten el paupérrimo presupuesto para salud y las migajas para el sector ambiental. Seguir tratando a nuestros ríos como letrinas y como fuentes de agua pasará irremediablemente su factura en la salud de la actual y futuras generaciones.

*Ph.D. Coordinador del doctorado en Toxicología Ambiental de la Universidad de Cartagena.

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