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| 8/11/2017 12:00:00 AM

Vallenato a cielo abierto

Incluso en una mina de carbón hay tiempo para el canto y el regocijo. Un día en la vida de un minero.

Para el turno de las seis de la mañana, los empleados de Drummond pasan los torniquetes de entrada con más de una hora de anticipación. Llegan temprano para tener tiempo de tomar el desayuno en el comedor de la mina Pribbenow, ubicada cerca del corregimiento de La Loma en el municipio de El Paso, departamento del Cesar.

Juan Eliécer Ditta llega como todos, en el transporte asignado por la compañía. Inicia el día con una sonrisa porque en su pueblo ya se respiraba, con las primeras luces de la mañana, el ambiente festivo previo a las fiestas patronales de julio. La cercanía de Rincón Hondo, el corregimiento del municipio de Chiriguaná en el que vive a 50 minutos de la mina, le permite a Juan Eliécer disfrutar algo de tiempo con su hermana después de cumplir su turno de 12 horas.

Viniendo de este lugar del sur del Cesar, que desborda alegría con su música vallenata, es apenas normal que Juan Eliécer tararee canciones mientras trabaja. Así lo hace mientras opera el camión Caterpillar 793 que tiene a su cargo. Como ese hay otros 250 camiones que transportan el material estéril de la mina. Esas máquinas se integran a una flota de docenas de excavadoras hidráulicas, buldóceres y dragalinas que pueden cargar varias toneladas de material en un solo esfuerzo.

Ese inventario causa mayor impacto si se tiene en cuenta que muchas de esas máquinas se trajeron pieza por pieza desde Estados Unidos, y más aún, cuando la primera piedra de esta compañía la puso H.E. Drummond en 1935 en Jasper, Alabama, contando solo con un vagón y una mula. Más adelante, en 1943, un préstamo de 300 dólares, a cambio de tres mulas hipotecadas como garantía, impulsó el negocio.

Durante la década de los ochenta, la compañía evaluó diferentes proyectos carboníferos en varios países del mundo, tanto en el mercado del Pacífico como del Atlántico. Llegó a Colombia por ser la mejor opción, basándose en factores como la geología, el acceso al mercado y la sostenibilidad ambiental. Para 1987, la compañía Drummond llevaba medio siglo operando en Estados Unidos, su país de origen, y fue cuando decidió invertir en Colombia. La primera concesión, en La Loma, está ubicada la mina ‘Pribbenow’. El nombre es un homenaje al geólogo Bert Pribbenow, quien descubrió la riqueza carbonífera que escondían esos suelos que hoy hacen parte del Cesar.

Aunque no exportó la primera tonelada de carbón sino hasta 1995, desde ese momento ya se hablaba del potencial mineral de ese territorio, a tal punto que hoy se pronostican unos 40 años más de operación en la región.

Juan hará parte de la historia de la compañía. Ya lleva cinco años trabajando para Drummond y a sus 32 años espera tener, a la par de su vida laboral en la mina, un espacio para grabar un disco con gente de su pueblo. En ocasiones, mientras labora, almuerza o departe tiempo libre con sus compañeros, comienza a cantar. No es casualidad que sus colegas lo llamen ‘Shojuan’, una expresión más corta que el Show de Juan, el cual todos esperan para amenizar, a ritmo de vallenato, el turno de la noche.

El esfuerzo de los trabajadores es una respuesta a ese bienestar que les provee su empleo. Y prueba de ello es que Juan cante mientras cumple la tarea del día, ya sea llevar el carbón al lugar de acopio o, como hace ahora, transportar el material estéril a las áreas de llenado. Mi pueblo es una de las canciones que presentó en una edición de las fiestas de Rincón Hondo, la que más le gusta cantar: “El 26 de julio mi pueblo se engalana/ Con las fiestas patronales/ Llegan forasteros a gozar tu fiesta y a participar/ Y te hacen miles de canciones/ Se oyen voces y acordeones/ Todo es alegría total”.

Sus cantos resuenan a lo largo de los 12 mantos de carbón de Pribbenow. A uno de ellos, el más grande, le llaman ‘Gran madre’. Es en ese manto donde trabajadores como Juan transportan el mineral que en 2016 llegó a conformar 32,6 millones de toneladas de carbón que se exportaron a clientes de más de 24 países del mundo. Para 2017, Drummond espera mantener el mismo nivel de producción con la concesión que hizo el gobierno de la mina de El Descanso. Con otras concesiones, las de Rincón Hondo, y Similoa, se conforman 17.000 hectáreas adicionales para la exploración y explotación.

“Aquí lo inseguro, lo hacemos seguro”, dice Juan sobre las garantías que ofrece la compañía en el tema salarial, alimentario y de proyección profesional. A pesar del tamaño de la maquinaria que Drummond maneja en los territorios de su operación, es en su equipo humano en el cual están las reservas más importantes de la compañía. Como dice Juan: “Desde que inicié como operador de camión minero siempre he tenido ganas de avanzar, de aprender a manejar otra maquinaria sin olvidar que lo primero es crecer como persona”.

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