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| 8/11/2017 12:00:00 AM

Transición a un mundo sin carbón

Es necesario planear desde ahora el tránsito hacia una menor dependencia del carbón para no afectar el medioambiente, la economía ni la sociedad.

Los costos de las tecnologías de alta eficiencia y bajas emisiones de gas carbónico, que reducen las afectaciones generadas en el ambiente por la quema de carbón, dificultan que los países en vía de desarrollo –principales consumidores de carbón con fines energéticos– puedan acceder a ellas con facilidad.

Para algunos representantes de esta industria, la comunidad internacional y los bancos mundiales deberían ayudar a que las naciones en desarrollo puedan costear esas tecnologías. Entre tanto, la quema de carbón seguirá siendo una de las principales causas del cambio climático, debido al dióxido de carbono (CO2) y otras sustancias contaminantes que libera a la atmósfera.

Actualmente, el carbón representa el 40 por ciento de la producción de energía eléctrica en el mundo, una cifra que ha disminuido considerablemente desde mediados del siglo pasado, cuando representaba el 82 por ciento. La aparición de las energías renovables ha hecho que el consumo de carbón disminuya, al igual que su participación en la economía que aún sigue siendo protagónico.

Ante esta realidad, la ONG ambientalista Greenpeace llama la atención sobre la necesidad de comenzar a pensar en un futuro sin carbón. No se trata de eliminar de la noche a la mañana el uso energético de este mineral, sino de iniciar una transición con los mismos recursos económicos generados por la cadena productiva del carbón para convertirlos en una opción que beneficie al medioambiente, la economía y a la sociedad en general.

“Cada vez va a ser menos lucrativo el uso del carbón”, afirma José Luis García, responsable del programa de cambio climático en Greenpeace España. Por lo tanto, sostiene, “es necesario planificar estrategias. El medioambiente no puede esperar al agotamiento de los recursos. Cuanto antes se dé la transición, será mejor y más barato”.

En Colombia, el sector minero aporta el 2,1 por ciento del PIB, y dentro de este porcentaje, el 66 por ciento pertenece al carbón. Además, por lo menos 25 municipios derivan su principal sustento de esta actividad y dependen de la extracción, producción, comercialización y exportación del mineral. Las alternativas, por lo tanto, deben construirse con la misma población, escuchando sus preocupaciones y necesidades particulares para poder hacer una transición amigable hacia otras industrias.

“La población puede adaptarse. No hay que engañarlos con espejismos, pues lo que está en juego es la supervivencia de la humanidad”, dice García. En consecuencia, los gobiernos tienen la responsabilidad de planificar el proceso, y el primer paso es la educación, que suele ser una de las barreras y debilidades generadas por la dependencia de la actividad minera.

Greenpeace desarrolló el año pasado un estudio donde presenta una serie de experiencias de transición en cuencas mineras de carbón. El caso del cierre de Gelsenkirchen, en Alemania, en 2008, es un buen ejemplo: allí se crearon ocho centros de formación superior y más de 30 institutos de investigación para el transporte de materiales logísticos. “Esto supuso la contratación de más de 26.000 personas en 831 empresas”, reza en el informe, que agrega que la cuenca “ha pasado en 50 años de no tener ninguna universidad a acoger a más de 220.000 estudiantes”.

Cada país debe determinar cuáles son las líneas de diversificación económica que pueden funcionar para sus poblaciones. En el caso colombiano, la respuesta probablemente esté en la agroindustria y el sector textil.

Esta es una oportunidad también para las mujeres, marginadas del ejercicio minero. En la mayoría de los casos, el número de empleadas en las empresas mineras no supera el 10 por ciento. Con la transición, “no tenemos que repetir el modelo masculinizado que ha ejercido la minería –asegura García–. Hay más oportunidades de desarrollo con ellas que sin ellas”.

Lo importante ahora es hacer un planteamiento integral, realizar un plan de transición con antelación, evaluar las oportunidades que se pueden abrir con el cambio y usar los recursos económicos que genera el sector extractivo en ello.

*Periodista de Especiales Regionales de SEMANA.

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