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| 8/11/2017 12:00:00 AM

Camino a un futuro energético sostenible

Aunque el uso del carbón en el mundo ha disminuido, la industria está en plena renovación.

La empresa privada de carbón más grande del mundo, Peabody Energy, se declaró en quiebra en 2016 citando como principal motivo los “retos históricos en el contexto de la industria”. Peabody no está solo: según la revista británica The Economist, cinco empresas de carbón estadounidenses hicieron lo mismo entre 2015 y 2016.

La demanda de energía en el mundo atraviesa por cambios, no necesariamente inéditos, que sin duda imponen incertidumbre. Por una parte, las economías más sofisticadas del mundo completan su tránsito de la manufactura a los servicios, lo que reduce considerablemente su demanda de electricidad. Por otra, el desarrollo de tecnologías más eficientes, como las luces LED o los electrodomésticos ahorradores, tan convenientes para el bolsillo de los consumidores, ya tiene también un impacto sobre la demanda total de electricidad.

Se podría pensar que en el continente asiático la demanda estaría creciendo exponencialmente, pero la evidencia hasta el momento indica lo contrario. Aunque Japón planea reemplazar la energía nuclear por carbón limpio, su consumo de energía, al igual que el de Australia, está ya entre los más bajos del mundo.

Los titanes asiáticos, China e India, de los que se espera que absorban cada vez en mayor medida la manufactura de bienes para los cuales crece el apetito en el mundo, parecen haber llegado ya a la sobrecapacidad: China redujo en 4 por ciento su consumo de carbón en 2015, mientras que en India el sistema de distribución de electricidad ha aumentado la competitividad de las energías renovables.

Una industria en renovación

Las energías renovables dejaron de ser una opción futura para convertirse en una certidumbre presente. En Estados Unidos son el sector de la economía que más cantidad de empleos generó en 2016. La instalación de tecnología para la generación de energía solar, gracias a Estados Unidos y China, aumentó en 50 por ciento entre 2016 y 2017. Según la Agencia Internacional de Energía (IEA por su sigla en inglés), las energías renovables van a ser la fuente de electricidad con la mayor tasa de crecimiento durante los próximos cinco años.

Las energías renovables aún enfrentan muchos obstáculos. La inestabilidad en el sol y el viento es el más complejo de ellos, y se suma a las dificultades tecnológicas para almacenar, distribuir y transportar la energía con ese origen.

Un tercer factor de gran relevancia es la presión sobre los inversionistas para alejarse del carbón. Un caso reciente y relevante es el de Enel, compañía que ahora agrupa a Codensa y Emgesa en Colombia y que ya se comprometió a dejar de usar carbón en todas sus operaciones antes de 2050. La estrategia fue en parte una consecuencia natural en la evolución de las preocupaciones ambientales de la empresa, pero no se puede negar la relevancia de los accionistas-activistas, quienes compran acciones de compañías específicas para impulsar agendas ambientales y sociales desde los órganos de gobierno de cada una.

Los cambios necesarios en la regulación, la forma en que funcionan los mercados y, por supuesto, la inversión e instalación en nuevas tecnologías abren un espacio para que la industria del carbón se transforme. El ocaso del sector podría llegar a durar muchos años; los precios del mineral siguen siendo extremadamente competitivos y pueden serlo aún más.

Las empresas inteligentes están tomando dos tipos de medidas claves: por un lado, bajar costos y así prepararse para las fluctuaciones en los precios y responder de manera rápida y eficiente a un mercado cambiante; y por el otro, trabajar a la par en su operación y plan de cierre.

Las regiones en las que opera un buen número de las empresas de carbón en el país podrían ser lugares para invertir de manera exitosa en energías renovables bajo las condiciones correctas. Las décadas de construcción de relaciones con comunidades y autoridades, la propiedad de los predios y la capacidad de inversión deberían ponerlas en una posición ventajosa en este aún incipiente mercado.

Para aprovechar esa ventaja tienen que asegurarse de cerrar las minas con los menores pasivos ambientales y sociales posibles. Se dice fácil; la experiencia pasada y la de vecinos como Perú y Chile indican que no lo es y que es necesario pensar en el cierre a la vez que se opera. En este caso, perder sí puede ser ganar un poco.

*Directora de Semana Sostenible.

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