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| 9/10/2017 12:00:00 AM

Un sábado de fútbol para ciegos

La selección Cundinamarca es la actual subcampeona mundial. Esta es su historia.

Luis Castañeda es el menor de una familia de diez hijos. Tiene 60 años y llega siempre muy temprano a los entrenamientos que él y un grupo de 12 futbolistas más organizan en la cancha de hockey del Parque Nacional en Bogotá. Su hijo, Juan Castañeda, director técnico del equipo, saca varios balones de una tula y los lanza al aire. Cuando ruedan, un sonido muy parecido al de un cascabel llega a los oídos de quienes hacen los ejercicios previos a la práctica.

Comienzan trotando por toda la cancha mientras entonan su grito de batalla: “Voy, voy, voy”. Según el reglamento, los jugadores siempre deben avisar de alguna forma que van por el balón, del cual sale un sonido que les indica por dónde rueda. Todos deben llevar algo que les cubra los ojos. Algunos se ponen un antifaz o algo que llaman “chichonera”. Hasta una espuma con esparadrapo funciona cuando se trata de entrenar y jugar.

“¿Mucho trabajo?”, pregunta uno de ellos mientras estira las piernas. “Ahí vamos, recogiendo lo que se puede”, responde Antonio Camelo, un violinista profesional que toca en TransMilenio. Apenas puede, se escapa de su trabajo para entrenar con sus amigos. En el papel de lazarillo, Antonio les explica a los que entrenan por primera vez, hasta dónde llega la cancha y dónde están los bordes.

Desde sus inicios, en 1998, la Selección Cundinamarca de fútbol para ciegos ha cosechado triunfos importantes. A nivel nacional participa todos los años en el Torneo Zonal y en el Nacional (siempre a final de año). Fueron campeones de los Juegos Paranacionales en 2004, en los que también lograron bronce en 2008 y plata en 2015. Participaron en la Copa Centroamericana en 2013 y se consagraron campeones de la Copa Libertadores de 2015 en Perú.

Esa victoria les dio el tiquete para el Mundial realizado este año en República Checa, a donde llegaron como favoritos. Nunca perdieron en su camino a la final y contaban con John González, goleador y mejor jugador del torneo. Una definición por penales jugó a favor del Anderlecht de Bélgica, el equipo rival. Ese gran esfuerzo diario los ha puesto como ejemplo en el país y ha inspirado a otros discapacitados que aún no se han animado a practicar un deporte.

González es el ejemplo de la perseverancia. Después de un golpe en la cabeza perdió la visión. Su hermana vivía en el barrio Paraíso, muy cerca de la Avenida Circunvalar. Cuando vio al grupo entrenar no dudó en llevar a John. Desde pequeño él practicaba con jugadores que gozaban de visión plena, cosa que agradece porque así se preparó para los retos que hoy afronta. Ya cuenta 35 goles oficiales con la Selección Cundinamarca y espera lograr muchos más: “Jugué con un equipo de Brasil y si todo sale bien volveré el próximo año a continuar mi carrera”, afirma.

Luis Castañeda sembró la semilla de este grupo hace más de cuatro décadas. Quedó ciego a los 7 años después de un accidente. Hasta los 15 jugó con los amigos de su barrio, sorprendiendo a quien lo miraba controlar un balón que no veía. En 1975, con 18 años, organizó el primer campeonato de microfútbol sonoro por medio del Grupo de Estudiantes Ciegos.

Castañeda dice algo en lo que confía plenamente: “El fútbol para ciegos nació en Colombia, no fue ni en Argentina ni en Brasil. Aquí hicimos el primer preliminar con selecciones suramericanas en 1981”. En los noventa él introdujo una mejora al balón para ciegos. Antes tenía algo parecido a las hojas de una pandereta lo cual era peligroso cuando el balón iba a la cabeza de un jugador.

“Me di cuenta de que necesitábamos que sonara desde adentro, entonces pedí ayuda y con una técnica de vulcanizado logramos hacerlo”, explica. Ayudó a conformar la Liga de Limitados Visuales de Cundinamarca con dos equipos: uno del municipio de La Unión y otro de Facatativá. Fueron las primeras escuadras de Colombia que salieron del país y ganaron partidos en los años noventa.

La cancha de hockey del Parque Nacional es propicia para sus entrenamientos porque está encerrada y cuenta con concreto en los bordes, lo cual es un requerimiento internacional de este deporte para estimular la continuidad del juego. Todos los miércoles, la gente que sale de sus trabajos se impresiona con los regates y las fintas de algunos de ellos.

Este deporte es considerado paralímpico desde 1996. A ese nivel, Brasil domina con cuatro medallas de oro en su historia. El mejor equipo colombiano es, sin duda, esta Selección Cundinamarca a la cual le sobran razones para soñar con una hazaña olímpica y así, poner el sonido de los goles de una región en los oídos del mundo.

*Periodista de Especiales Regionales de SEMANA.

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