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| 9/10/2017 12:00:00 AM

Ticha: lo que el agua no se llevó

Una vereda que ha sufrido como pocas la inclemencia de las inundaciones. Pero las resistentes manos campesinas han rescatado esta tierra de leche y buenos quesos.

He pasado gran parte de mi vida en los verdes potre-ros de la vereda de Ticha, que circundan por el sur la laguna de Fúquene. Allí mi abuelo, Rafael María Camacho, comenzó su negocio en el sector lácteo hace más de 70 años. Luego mis padres lo heredaron y hoy, después de sobrevivir a más de tres inundaciones aún se mantiene a flote. Todavía muchas fincas, grandes y pequeñas, resisten; y lo hacen gracias a las manos de sus incansables campesinos.

Después de pasar Ubaté, a unos 13 kilómetros por la vía que conduce a Chiquinquirá, se llega al municipio de Fúquene. Si gira al oriente encontrará los pastizales de Ticha, que hacen parte del municipo de Guachetá, e históricamente han estado dedicados a la producción lechera.

Ticha es una tierra rica en agua y este recurso ha sido su gran aliado, pero hoy también se ha convertido en una amenaza constante. En las temporadas de lluvias era apenas normal que los potreros se empantanaran, pero jamás esperábamos una inundación como la que llegó en noviembre de 1999.

La laguna de Fúquene se desbordó, así como los ríos Suárez y Ubaté. El agua corrió sobre los campos donde pastaban las vacas Holstein, aquellas que producen la leche con la que se preparan los famosos quesos de Ubaté de los que nos habla Santiago Rivas en la página 102 de esta revista.

Entonces los productores de Ticha tuvieron que huir a lugares más altos, dejar sus casas, buscarles refugio a las vacas y perder sus cultivos. La historia se repitió en los años siguientes. Los campesinos empezaron a temer cada vez que llegaba abril u octubre, o cuando en diciembre se anunciaba un posible fenómeno de La Niña para la temporada siguiente.

En 2005 y 2007 la laguna de Fúquene se desbordó nuevamente y los jarillones construidos de poco sirvieron, la tierra se inundó otra vez. Y cuando ya empezaba a recuperarse, llegó el terrible invierno de 2011 que recordamos por las fotos de la sabana de Bogotá inundada. Ese año Ticha permaneció bajo el agua por más de cuatro meses, esta cubría todo el valle y se acercaba al metro y medio de altura. Los sauces que suelen sembrarse para darles sombra a la vacas se ahogaron y cayeron. El olor era pútrido.

En ese momento la producción lechera cayó 40 por ciento y las pérdidas se acercaron a los 60.000 litros por día. En total se inundaron alrededor de 1.500 hectáreas del Valle de Ubaté.

Pero entonces llegaron las manos incanzables de los campesinos y a medida que las lluvias disminuyeron, el agua lentamente se fue secando. Los campesinos empezaron a sembrar pasto de nuevo, a darle nutrientes a la tierra para que volviera a crecer, muchas casas se reconstruyeron y poco a poco Ticha recobró su verde característico.

Hoy la Gobernación de Cundinamarca está trabajando en recuperar la laguna de Fúquene para devolverle el espacio que ocupaba naturalmente antes de ser rellenada, cuando perdió la capacidad de reservar toda el agua que cae en temporada de lluvias. Con estas obras los que habitamos y vivimos de los largos pastizales de Ticha tenemos toda la esperanza de no volver a ver inundada esta tierra lechera que surte en gran parte a la capital, y que produce los mejores quesos que es posible comprar en una carretera de Colombia.

*Coordinadora de Especiales Regionales de SEMANA.

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