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| 9/10/2017 12:00:00 AM

¿Sabía que Cundinamarca significa 'comarca del cóndor'?

Zipaquirá es pie del cerro del zipa y Suesca, roca de las aves. Conozca el significado de los 116 municipios que conforman el departamento.

Pocos departamentos de Colombia tienen un nombre tan sonoro como el de Cundinamarca, que además escapa del lugar común al no hacer referencia o rendirle homenaje a un guerrero o a un prócer. Aunque el origen del nombre aún se somete a debates, la versión más aceptada señala que proviene de los vocablos quechuas ‘kuntur’ y ‘marca’ que, unidos, significan ‘tierra (o comarca) del cóndor’. Los españoles creyeron que los habitantes de la zona decían “Cundirumarca”, y de allí surgió Cundinamarca. No es de extrañar, entonces, que de los 116 municipios del departamento más de la mitad tengan nombres de origen indígena o de adaptaciones hispanas, como es el caso de Bogotá, una derivación de Bacatá, que significa ‘límite de la labranza’.

Gran parte de esos nombres evocan un universo cargado de poesía. Bituima no es otra cosa que ‘vuestro boquerón’; Quipile, ‘lugar fuerte y superior’; Cajicá, ‘fortaleza de piedra’; Soacha, ‘sol varón’; Zipaquirá, ‘pie del cerro del zipa’; Facatativá, ‘cercado fuerte al final de la llanura’; Manta, ‘a nuestra labranza’; Bojacá, ‘cercado morado’; Caparrapí, ‘habitante de los barrancos’; Fómeque, ‘bosque de los zorros’; Subachoque, ‘frente de trabajo’; Chocontá, ‘labranza del aliado bueno (o de la buena alianza)’; Une, ‘todo’ y Suesca, ‘roca de las aves’.

En algunos casos los historiadores no logran ponerse de acuerdo. Ubaté deriva de Ebaté y se le otorgan dos posibles significados: ‘granero (o semillero) del boquerón’ y ‘tierra ensangrentada’ o ‘sangre derramada’. Cachipay puede ser originario del fruto de una palma similar al corozo o del nombre de un cacique. Igual sucede con Sesquilé: ‘boquerón de la arroyada’ o ‘agua caliente’.

Por su parte, varios municipios de la vertiente occidental de la cordillera Oriental terminan en el sufijo ‘aima’, que en lengua panche significa ‘tierra de’. Sasaima hace referencia al cacique Cacaima, quien era el señor de esas tierras. Nocaima es ‘tierra de clima cálido’, Anolaima recuerda a una tribu pance. Anapoima tiene su origen en la princesa indígena Hanna de Luchuta y el cacique Poyma, quienes al casarse fundaron un poblado que en su honor fue llamado Hannapoyma.

El prefijo suta indica ‘más allá de’. Así, Sutatausa significa después de Tausa, cuya traducción sería ‘tributo en la cumbre’. Pacho, diminutivo de Francisco en castellano, rinde tributo al último jefe militar indígena de la zona. Su nombre en lengua uzaque significa ‘padre bueno’.

Pero los municipios cundinamarqueses también evocan apellidos de próceres y personajes históricos como Girardot (por Atanasio), Nariño y Ricaurte (que recuerdan a dos célebres Antonios); Cabrera (un general de la Guerra de los Mil Días que luchó al lado de Rafael Uribe Uribe), Gutiérrez (Ignacio, su fundador), Beltrán (apellido de don Francisco Félix, encomendero español que lo fundó en 1670), así como Medina, Albán, Vergara, Puerto Salgar, Villapinzón y Villagómez.

Las referencias a santos, tan comunes en la geografía de América Latina, son más bien escasas en este departamento: San Francisco, San Bernardo, San Cayetano, San Juan de Rioseco, San Antonio del Tequendama. Y no abundan las alusiones a topónimos de otras naciones, pero las hay: Granada, Venecia, Nilo, Jerusalén y Tena, bautizado así porque su geografía le recordó a Gonzalo Jiménez de Quesada los paisajes del Valle de Tena, en Aragón (España). Silvania generaría largas discusiones de cafetería entre quienes aseguraban que evocaba a Pensilvania (Estados Unidos) y quienes decían que a Transilvania (Rumania). En realidad su nombre le rinde homenaje a Ismael Silva, quien la fundó en 1935.

Hay municipios que hacen referencias a plantas, como La Palma, El Rosal, Guayabetal, Guayabal de Síquima (cacique panche) y Guaduas; a hitos topográficos: La Peña, La Mesa, El Peñón y Quebradanegra; o a características de la localidad, como Agua de Dios, La Calera (por sus minas de caliza) y Villeta, que significa pequeña villa. El Colegio (también conocido como Mesitas del Colegio o Mesitas) es el resumen extremo de su nombre original: Parroquia de las Mesitas del Colegio de Nuestra Señora del Rosario del Calandaima, que, dicho sea de paso, era el nombre con que también se conocía a la región del Tequendama.

*Periodista.

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