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| 9/10/2017 12:00:00 AM

Una despensa para Colombia

Cundinamarca ya alimenta a Bogotá, pero podría llevar sus productos al resto del país si desarrolla cadenas productivas.

Existe una vasta literatura sobre la relación entre política agraria y desarrollo económico que señala cómo la primera ha sido una precondición para el segundo. Una adecuada política agraria permite, adicionalmente, generar seguridad en la tenencia de la tierra en la medida en que clarifica la condición de los derechos de propiedad.

Justamente de ahí se desprende la importancia del punto uno del acuerdo de La Habana sobre reforma rural integral, no solo para atender una de las principales fuentes del conflicto armado interno, del cual regiones como la del Sumapaz, en Cundinamarca, fueron escenario, sino también por lo que ello supone como condición para un desarrollo más equilibrado del país y de sus regiones.

De acuerdo con el censo nacional agropecuario de 2014 –del cual se ha extraído la información para la elaboración de este artículo–, la destinación del uso del suelo del área rural en Cundinamarca refleja principalmente un uso intensivo en pastos y rastrojos de cerca de 60 por ciento frente a 20 por ciento destinado a actividades agrícolas. Eso explica el hecho de que la mayoría de las unidades de producción agropecuaria (UPA) estén destinadas a la actividad pecuaria (65 por ciento) y el resto a la agrícola.

Otra característica del sector agropecuario del departamento es la distribución de la tenencia de la tierra. La propiedad individual es ampliamente predominante, por encima del 70 por ciento, frente a la propiedad colectiva que es casi inexistente, mientras que la modalidad de arriendo está alrededor de 15 por ciento.

Así mismo, Cundinamarca ocupa un lugar destacado en la producción de bovinos con una participación en el inventario nacional del 4,9 por ciento situándose como el octavo departamento más importante en este renglón. La actividad porcina, sin embargo, es aún más relevante, ubicándose en el tercer lugar de participación en el inventario nacional con una contribución del 9,1 por ciento.

En el campo pecuario el renglón más importante lo constituye de lejos la producción avícola. Después de Santander es el segundo departamento tanto en su contribución en el inventario avícola del país con un 22,1 por ciento, como en las UPA dedicadas a esta actividad que corresponden a 7,0 por ciento.

Con respecto a la agricultura, su mayor ventaja comparativa reposa en la producción de flores y follajes que concentra un 59,9 por ciento de las hectáreas del país dedicadas a este tipo de cultivos. Le sigue en trascendencia la producción de papa, con una participación del 39 por ciento de las hectáreas sembradas en el territorio nacional, convirtiéndose así en el primer departamento generador de este tubérculo.

No obstante, en materia de agroindustria muestra un marcado rezago frente al Valle del Cauca, Antioquia y Santander. Su sector más relevante es el panelero, en el que ocupa el segundo lugar de hectáreas destinadas a esta actividad con 12,2 por ciento después de Antioquia (12,6 por ciento). La baja industrialización del campo se refleja en los niveles de uso de maquinaria agrícola (11,6 por ciento), muy lejos de departamentos como Guaviare y Arauca (60,4 por ciento y 60,2 por ciento respectivamente). Esta deficiencia también se evidencia en las construcciones para actividades agropecuarias que alcanzan el 10,8 por ciento frente a La Guajira, Arauca y Caquetá que llegan a tener 52 por ciento, 49 por ciento y 46,8 por ciento. En cuanto al uso de sistemas de riego (36,1 por ciento) tampoco es bueno el balance si se mira lo que sucede en Bolívar (69 por ciento) y el Magdalena (63,8 por ciento).

Este bajo nivel de activos puede explicar las pocas solicitudes de crédito. Solo 7,7 por ciento de las UPA se animan a hacerlo, obteniendo aprobaciones en 88 por ciento de los casos. Otro aspecto que preocupa es la asistencia técnica. Únicamente 9,1 por ciento de las UPA acceden a este beneficio mientras que en el Eje Cafetero, por ejemplo, el cubrimiento supera el 40 por ciento. Y, finalmente, está el nivel educativo de los productores agrícolas de Cundinamarca. Sesenta por ciento de ellos solamente han cursado básica primara.

Esta revisión de algunas de las cifras más relevantes de la actividad agropecuaria evidencia un sector que goza de importantes potencialidades, pero que requiere de un agresivo programa de asistencia técnica para fortalecer sus ventajas comparativas y competitivas y así mejorar su participación en el inventario de productos agropecuarios del país gracias a su diversidad de pisos térmicos.

Dicha asistencia debería ir acompañada de líneas de crédito blandas para estimular la inversión en maquinaria y equipos para incrementar la productividad. Así mismo es urgente elevar los niveles de educación de los productores y mejorar sus condiciones de acceso a la seguridad social, pues más del 70 por ciento pertenecen al régimen subsidiado y cerca del 27 por ciento al contributivo. Sin duda, Cundinamarca goza de márgenes importantes para hacer de su sector agropecuario no solo la despensa que es particularmente para Bogotá sino una alternativa de suministro para el mercado nacional e, incluso, el mundo. Esto dependerá del desarrollo de cadenas productivas que generen mayor valor agregado.

*Profesor asociado, Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia.

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