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| 9/10/2017 12:00:00 AM

¿Cómo va el rescate del río Bogotá?

Este afluente nace de un valle cristalino y llega hasta el mar Caribe. Conozca cómo avanza la misión de protegerlo.

A una altura de 3.250 metros sobre el nivel del mar, rodeado de lagunas cristalinas y robustos frailejones, nace el río Bogotá. Allí, en lo más alto del páramo de Guacheneque, paraíso natural de Villapinzón, Cundinamarca. Este, que alguna vez fue bautizado como Funza, es el afluente más importante de la capital del país y es un símbolo del departamento que lo ve nacer. Girardot es el último de los 47 municipios cundinamarqueses que le da paso a su caudal para que desemboque a 280 metros en el Magdalena. Luego llega al mar Caribe.

El río Bogotá es uno de los más influyentes en la hidrografía del país. Pero, tristemente, también es uno de los más contaminados. Recuperar su esencia es una gran apuesta nacional liderada por la Gobernación de Cundinamarca y la Corporación Autónoma Regional del departamento (CAR). Para ello, según el director de esta entidad, Néstor Franco, es necesario restaurar la capacidad hidráulica de la cuenca, mejorar la calidad del agua y que los ciudadanos comprendan que su río no es una cloaca sino un ecosistema vulnerado por la falta de conciencia ambiental.

En marzo de 2014 el Consejo de Estado responsabilizó a toda la región y a cerca de 72 entidades, incluidos municipios y ministerios, de los daños del afluente y ordenó su pronta recuperación a partir de una sentencia. Así, revivir el río Bogotá es desde hace tres años un asunto legal que compete a todos. Estos han sido los avances.

Páramo de Guacheneque. César David Martínez

Inversión y reforestación

Una de las acciones más importantes fue retirar las basuras de la cuenca media del río, que va desde la compuerta Alicachín, en Soacha, hasta el puente La Virgen, en Cota. En ese tramo el Bogotá recibe el 85 por ciento de sus contaminantes. En la primera fase la CAR retiró cerca de 6 millones de toneladas de sedimentos (desde partes de carros hasta colchones). De esta forma filtran las aguas y devuelven al río gran parte de su volumen.

Al darle más capacidad este podrá llevar a cabo su función de amortiguar las lluvias fuertes. Pero también es importante respetar la ronda de la cuenca hidrográfica, por eso la CAR ha comprado alrededor de 700 hectáreas que servirán como zonas de inundación controlada. Los buenos resultados se han evidenciado en los últimos cinco años en los que el río no se ha desbordado.

Además de esas tareas se han reforestado más de 230.000 hectáreas con especies nativas como roble y nogal, con una inversión de 2.500 millones de pesos. Como lo advierte el secretario de Ambiente de la Gobernación de Cundinamarca, Eduardo Contreras: “Hace mucho tiempo una entidad pública no realizaba un proceso de reforestación tan grande”.

Y mientras se va recuperando la capacidad hidráulica del río, se llevan a cabo labores de descontaminación del agua. La Gobernación departamental hace monitoreos constantes de su calidad junto a la Secretaría de Salud. También se trabaja en la ampliación de la Planta de Tratamiento Residual (PTAR) Salitre, la cual filtra los desechos que se producen entre las calles 26 y 220, para ello la CAR aportó una suma de 480 millones de dólares.

Las mejoras a la PTAR Salitre optimizarán los procesos de filtrado del agua (trabajará tres veces más rápido). Además, será la mano derecha de la gran PTAR Canoas, que a finales de 2017 debería estar estructurada financieramente para que el Estado pueda empezar el proceso de contratación. Según Contreras, la recuperación del río va a depender de la entrega total de esta planta que descontaminará el líquido que corre al sur de la cuenca media: “La obra va a garantizar que el agua vuelva a ser fuente de abastecimiento”, enfatiza el funcionario, quien cree que si se recupera su estado salubre, el Bogotá será sinónimo de desarrollo sostenible.

Los espejos de agua en las ciudades más importantes del mundo son elementos de progreso, la gente no se siente avergonzada por vivir al lado de un río. Por eso Contreras sostiene que es clave fortalecer la relación de la región. “Cundinamarca es el departamento de la capital y no muchos lo reconocen. El río es el principal símbolo de integración y es deber de los cundinamarqueses velar por él”.

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