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| 9/6/2017 12:00:00 AM

La Lechuga, un tesoro nacional

Aunque estuvo oculta por muchos años, la custodia de la iglesia de San Ignacio en Bogotá es una de las joyas religiosas más importantes del barroco americano.

Al comenzar el siglo XVIII, la orfebrería del territorio del Nuevo Reino de Granada ya era ampliamente conocida tanto por la riqueza de sus materiales –tenía oro, plata y esmeraldas–, como por la habilidad de sus joyeros. En el año 1700, la Compañía de Jesús pidió al orfebre José Galaz hacerle una custodia (donde se alberga la hostia, después de ser consagrada, para la adoración de los fieles). Era común en aquel entonces que las comunidades religiosas ordenaran estas piezas que lucían en las iglesias con las cuales, durante la fiesta del Corpus Christi –el evento más importante del catolicismo–, ‘competían’ por tener la más bella.

Los jesuitas, considerada la comunidad más importante del siglo XVIII, no escatimaron en gastos. Siete años después de recibir el encargo, Galaz entregó la custodia de la iglesia de San Ignacio, en Bogotá. La había elaborado con 8.850,3 gramos de oro de 18 quilates extraído de las minas de Antioquia y del Tolima, y con 1.485 esmeraldas, probablemente sacadas de Muzo; además de 168 amatistas, 62 perlas barrocas, 28 diamantes, 13 rubíes y un zafiro, al parecer traídos a América desde algunos de los territorios donde la Compañía de Jesús tenía presencia.

Los jesuitas no gozaban de buenas relaciones con el poder. Carlos III expulsó a la Compañía de Jesús de sus dominios en 1767. Y muchos años más tarde, ya en la República, el general José Hilario López hizo lo propio en 1859, y luego Tomás Cipriano de Mosquera impulsó la expropiación de los bienes de la Iglesia en 1861.

Durante esos años, las comunidades religiosas escondieron sus joyas, y lo mismo hicieron los jesuitas con su custodia, conocida también como ‘la lechuga’ por el intenso verde de sus esmeraldas. “Después de la Independencia, Colombia tuvo una crisis económica muy fuerte. Las minas dejaron de trabajar y los tesoros eran enterrados. Muchas joyas fueron fundidas porque la gente moría de hambre”, cuenta Sigrid Castañeda, encargada de la Colección de Arte del Banco de la República.

Al final del siglo XIX ‘la lechuga’ volvió a aparecer, pero en 1948, después del Bogotazo, debido a que muchas iglesias fueron saqueadas, se esfumó. A su alrededor empezaron a tejerse mitos y leyendas. Se decía que yacía bajo el piso del Colegio Mayor de San Bartolomé, otros aseguraban que ahora era uno de los tesoros secretos del Vaticano. Sin embargo, quienes se han dedicado a rastrear su historia afirman que nunca salió del país y que permaneció oculta en casas de familias cercanas a los jesuitas.

Casi 40 años después, en 1986, los jesuitas volvieron a revelar la custodia, pero esta vez para vendérsela al Banco de la República, que apenas comenzaba su colección de arte. Con el dinero recaudado, la Compañía de Jesús inició su expansión hacia los lugares más deprimidos de Colombia y creó el Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep).

Desde entonces, la custodia pasó a formar parte de la colección permanente del Museo del Banco de la República, en Bogotá, y en 2015 fue invitada a la Feria Internacional de Arte Contemporáneo (Arco), en Madrid, solicitada por el Museo Nacional del Prado. Esa fue, en realidad, la primera vez que salió de Colombia y lo hizo para ser homenajeada como obra invitada de honor.

Hoy está expuesta en el Museo Nacional de Arte Antiguo de Portugal (hasta el 3 de septiembre). Y en el marco del año Colombia-Francia será exhibida en la Sala Murillo del Museo de Louvre, hasta el 3 de enero de 2018. “Ese es el lugar que se merece, porque no es solo una pieza local”, agrega Castañeda. “Se ha ido convirtiendo en un símbolo nacional”.

Es posible dimensionar la riqueza de ‘la lechuga’ al conocer su historia: sobrevivió a tres siglos de guerras y conflictos y se mantiene casi intacta. Hoy no existen en Colombia muchas obras de la orfebrería colonial porque fueron fundidas o sacadas del territorio, pero la custodia de la iglesia de San Ignacio sigue siendo un símbolo nacional y está al alcance de quien quiera apreciarla.

*Periodista de Especiales Regionales SEMANA.

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