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| 9/5/2017 12:00:00 AM

No solo de esmeraldas se vive en Muzo

Esta es la historia de un par de guaqueras que dejaron de buscar un golpe de suerte para hacer crecer su propio negocio.

A Luz María Pinilla todo el mundo le dice la Mona, como se conoce en Colombia a las personas rubias. Sus ojos pequeños tienen el color de las esmeraldas. Después de más de tres décadas dedicadas a la extracción artesanal de gemas, bajo el sol y la lluvia, decidió revivir el sueño de hacer ropa. Acercándose a los 50 años, tenía claro que la alta costura no sería lo suyo, pero sabía que sí podría fabricar prendas de calidad para una comunidad pequeña. En 2011, Minería Texas Colombia (MTC) le dio el capital para arrancar su negocio: Confecciones Mona Lisa.

Diecinueve personas trabajan en este espacio de puertas abiertas: 15 mujeres se encargan de la costura, el corte y la plancha, y cuatro hombres de hacer los estampados y otras labores. Laika, una perra labrador, cuida este próspero negocio de indumentarias del municipio de Muzo (departamento de Boyacá). Ella es la ‘empleada’ número 20: camina entre las máquinas de coser y se acomoda a los pies de las costureras, donde el calor no la agobia demasiado. Cuando cae la noche y se cierra la fábrica, la perra se queda de ronda alrededor de la casa, de tal manera que todo permanezca en su sitio hasta la jornada del día siguiente.

Desde que fundó su microempresa y hasta que alcanzó el punto de equilibrio, la Mona ha tenido que esforzarse tanto como cuando buscaba esmeraldas en un río. Pero ya no tiene que esperar milagros. Cuando empezó fabricaba uniformes para estudiantes de escuelas locales; dos o tres costureras le ayudaban pero, cada vez que alguien anunciaba que el río traía piedras preciosas, abandonaban el puesto de trabajo y ella se quedaba sola, sin poder cumplir con muchos de sus compromisos.

En 2014 quiso abandonar las máquinas de coser y volver a las palas. Entonces apareció Andrea Álvarez, una guaquera que se cansó de esperar un golpe de suerte entre las piedras. Se asociaron para buscar clientes y encontraron una oportunidad de oro: elaborar 5.000 uniformes para los empleados de MTC, la empresa más grande de este sector en el occidente de Boyacá. Los siguientes tres meses vivieron jornadas tan extenuantes como las de cualquier guaquero. Pero con la suma del esfuerzo de otras cuatro mujeres, Confecciones Mona Lisa entregó su primer gran pedido.

Las emprendedoras Luz María Pinilla y Andrea Álvarez crearon Confecciones Mona Lisa, una empresa de 20 empleados que sigue creciendo y dándole la oportunidad a otras mujeres de la región.

Las emprendedoras Luz María Pinilla y Andrea Álvarez crearon Confecciones Mona Lisa, una empresa de 20 empleados que sigue creciendo y dándole la oportunidad a otras mujeres de la región.

“Hemos aprendido de todo un poco”, afirma con orgullo Andrea. Llevar una empresa de manufactura no solo significa diseñar un patrón, cortar tela, enhebrar hilos y tener cuidado al momento de pisar el pedal de una máquina de coser. También hay que saber de contabilidad, de impuestos, de transporte, de insumos –en este caso, todas las telas son hechas en Colombia, para apoyar a la industria nacional–. Y el liderazgo es fundamental porque se trata de un trabajo conjunto. “Contratamos a mujeres cabeza de familia, madres solteras en nuestra misma situación”, dice la Mona. “Lo mejor es que estas familias ya no necesitan de la minería para vivir, sin deberle nada a nadie”, complementa Andrea, aunque admite que “nos dimos un poquito en la cabeza cuando el precio del dólar se disparó en Colombia y todo se puso más caro, pero logramos superarlo”.

Hace tres años debían pagar arriendo en un local estrecho. Hoy, Andrea y la Mona son propietarias de la casa en la que trabajan y siguen buscando clientes en la región. “MTC no nos regala nada. Tenemos que cumplir unos requisitos para participar en las licitaciones, garantizar la calidad, personalizar algunas prendas y organizar lo que se produce para más de 800 personas”, puntualiza Andrea, de 31 años. “La esmeralda es una lotería”, asegura la Mona. “Entre los 15 y los 48 años me dediqué a la guaquería y puedo decir que ese fue tiempo perdido”, concluye con modestia, consciente de que hoy gana por lo que producen su inventiva y tesón.

Para Confecciones Mona Lisa las perspectivas a futuro son seguir creciendo y generando más empleo. Luz María Pinilla y Andrea Álvarez continúan capacitándose y enseñando lo que saben a quienes trabajan con ellas. Laika, con su silencio durante el día, supervisa que todo siga en orden en la noche: sus ladridos les recuerdan a los habitantes de Muzo que estas mujeres todavía tienen, literalmente, mucha tela que cortar.

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