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| 9/6/2017 12:00:00 AM

Así recuperan su color las montañas de Muzo

Las montañas deforestadas que dejó la extracción de esmeraldas en el municipio de Muzo ahora florecen gracias a una novedosa técnica de hidrosiembra.

No es un secreto que la actividad extractiva impacta al medioambiente. En el caso de las esmeraldas, aunque no requiere químicos, la remoción de la tierra tanto en la superficie como para cavar los túneles trae consecuencias. La mayor parte de ese material estéril extraído termina en unos rellenos de apariencia triste. “Esto antes quedaba como un desierto de tierra negra porque nadie se preocupaba por lo que pasaba con el suelo después de encontrar una esmeralda”, asegura Ovidio Carrillo, agricultor de Quípama (Boyacá), hoy integrante del equipo ambiental de Minería Texas Colombia (MTC).

Con Ovidio trabajan 23 personas que concentran sus esfuerzos en cinco frentes: manejo de agua y de residuos, control de emisiones, rehabilitación de tierras, paisajismo y reforestación. Sobre todo en los tres últimos se ven los resultados porque los cerros negros ya están reverdeciendo gracias a una estrategia cuidadosa que involucra a biólogos, ingenieros civiles, geólogos, topógrafos y obreros que cumplen distintas tareas.

La reforestación empieza con un inventario forestal y la reubicación y rescate de las plantas que se verán afectadas por la extracción minera. En el caso particular del occidente de Boyacá, el ecosistema consiste en una selva tropical a unos 1.000 metros sobre el nivel del mar, con una humedad superior al 70 por ciento, temperaturas de hasta 40 grados centígrados y montañas empinadas difíciles de transitar. La diversidad vegetal es una de las más ricas del mundo, con muchas epífitas (plantas que crecen sobre otras y que no necesitan tierra para vivir) que obligan a que el cuidado de la flora sea riguroso. Las plantas rescatadas permanecen en un vivero, donde esperan hasta que el terreno esté listo para volver a su lugar de origen.

Luego viene la hidrosiembra, la parte más sorprendente de este proceso porque recupera, en poco tiempo, el paisaje degradado. En una máquina Hydro-Mulcher se mezclan agua y semillas de grama con un material que hace que estas se adhieran al suelo sin necesidad de sembrarlas. Tan pronto la sustancia está lista, se acomodan unas mangueras en la máquina y varios operarios descargan el líquido verde sobre la tierra negra.

John Santana, joven campesino de la región, es uno de los encargados de la hidrosiembra, que se parece a pintar con un aerógrafo gigante pero en realidad resulta mucho más complicado. La gravedad e inclinación de la ladera determinan la cantidad de mezcla para que sea uniforme y funcional. En lugares demasiado empinados, Santana y sus compañeros usan lo que han denominado “un cañón”, que sirve para descargar el líquido sobre áreas en las que no es posible caminar.

El resultado es un mantillo verde parecido a la grama sintética, como una cancha de tenis. En apenas una semana, ese espacio adquiere una capa similar al musgo; en un mes, ya ha crecido pasto (en este caso, brachiaria). Cuando el terreno está listo, los operarios traen las plantas del vivero, que aprenden a coexistir con las especies que han florecido gracias a las aves e insectos que transportaron semillas desde otros puntos y le dan nueva vida al campo.

La hidrosiembra, sin embargo, no puede reducirse a la acción de regar un pedazo de tierra para que vuelva a teñirse de verde. Implica definir el paisaje y la función del agua, entre otros factores previos al depósito del material estéril. Cuando llega la carga, los operarios realizan canalizaciones, construyen los taludes, instalan mallas para que el terreno no se deslice y crean una barrera natural que delimita el perímetro afectado por la extracción minera. El cuidado posterior, clave y permanente, incluye podar la grama, recoger la maleza y controlar el agua, especialmente en las temporadas más húmedas porque la lluvia puede causar estragos en esta selva.

Todos los integrantes del equipo ambiental de Minería Texas Colombia, profesionales, tecnólogos y operarios, siguen estudiando para conocer nuevas técnicas o profesionalizarse en una labor fundamental para la minería sostenible. Ellos saben que al recuperar la tierra garantizan la vida del ecosistema y enriquecen aún más el paisaje de Muzo.

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