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| 9/5/2017 12:00:00 AM

La transformación de la industria verde

Esta nueva etapa que vive el negocio de las esmeraldas se convierte en una oportunidad para recuperar el prestigio mundial de las piedras preciosas colombianas.

Las esmeraldas y las piedras preciosas siempre han causado admiración. Su inexplicable belleza natural le ha generado a más de uno un sueño de una riqueza obtenido sin más trabajo que tomarlas de la naturaleza. Se han escrito novelas, se han hecho películas, y durante siglos no hubo un mejor argumento para conquistar un amor, o para simbolizar la conquista, que una esmeralda u otra piedra preciosa.

Semejante fascinación no pudo estar exenta de conflictos y hasta guerras. En todos los continentes, durante décadas, la pelea por llegar a las entrañas de la tierra para extraer una riqueza preciosa llegó a tener alcances casi épicos. En la sola conquista española del Nuevo Mundo la pasión por el oro y por las piedras preciosas pudo ser una motivación más clara que hacer girar la historia con el descubrimiento de un nuevo continente y la ampliación extraterritorial de los imperios europeos. Guerras ha habido casi siempre, y la de las esmeraldas en Colombia –consideradas entre las más hermosas del mundo– tuvo momentos de violencia y crueldad, con visos mafiosos y con protagonistas oscuros y legendarios como Víctor Carranza. Muy a la colombiana, la historia de enfrentamientos siempre estuvo acompañada de intentos de acuerdos y de hacer las paces que casi nunca funcionaron.

Por eso es de celebrar el cambio que se ha producido en el régimen de explotación y comercialización de las piedras preciosas. Porque las empresas comprendieron que la legitimidad de su explotación depende de la utilización de métodos de trabajo limpios y dignos. Y los consumidores adquirieron conciencia en el sentido de que las bellezas que produce la naturaleza no se pueden manchar con malas prácticas de la especie humana. Sino todo lo contrario: el verde profundo y misterioso de una esmeralda es aún más brillante si sale del subsuelo por vías legales y mediante prácticas que cuidan el ambiente y enaltecen a quienes hacen el trabajo.

Las modificaciones culturales y los avances en la tecnología y en las prácticas de extracción se han convertido en una oportunidad. La de aumentar las exportaciones y generar riqueza, con metodologías utilizadas en otros países que minimizan los impactos sobre el medioambiente y que respetan las reglas de juego establecidas por el Estado para ganar acceso a las piedras. Colombia no ha debido dejar de ser nunca el país de las esmeraldas más bellas del mundo, y ahora tiene la oportunidad de volver a ganar ese título.

Editor general de Revista SEMANA.

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