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| 7/14/2017 12:00:00 AM

Diseñadores de moda peruanos en el mundo

Tienen a su favor 5.000 años de tradición textil y fibras naturales exclusivas de gran calidad, como la vicuña y la alpaca. Los diseñadores peruanos atraen el respeto y la curiosidad de la industria mundial del glamur.

Jorge Salinas
Es hijo de los fundadores del principal centro comercial e industrial textil del Perú: Gamarra. Creció entre telas y vestuario pero en los años ochenta, cuando en el país no existía la carrera de moda, viajó a Estados Unidos a formarse como arquitecto. “Al poco tiempo, noté que la moda sí tenía potencial en Norteamérica y que yo podría sobresalir”.

A sus 21 años regresó a Lima y en una habitación de dos por dos, con tres máquinas de coser y dos rollos de tela dio las primeras puntadas de Emporium, sello que, como su nombre lo indica, es efectivamente el emporio de tendencias de la moda femenina.

Desde 1994, su marca le rinde culto al algodón y ha hecho que sus pantalones de denim con entalle perfecto, bordados y aire urbano no puedan faltar en las tiendas Ripley y en sus seis boutiques propias.

Su afán creativo, inculcado por su madre, lo impulsó a dar el salto de Gamarra al glamur neoyorquino en febrero, cuando debutó con su firma J. Salinas en la Mercedes-Benz Fashion Week con una propuesta titulada ‘Paracas’ –inspirada en los vientos que caracterizan a esta ciudad–
.

La colección, concretada después de un año de trabajo con un equipo de expertos en el manejo de la alpaca baby y el algodón pima, llamó la atención con sus sofisticadas salidas de color negro, pensadas para “una joven adinerada, que tiene muchos compromisos sociales y, sin ser extravagante, se destaca”. J. Salinas acaba de abrir la vitrina en Nueva York y tiene sus ojos puestos en la vicuña, para que los buenos vientos lo lleven hacia otros mercados, como el inglés.

Sumy Kujón



Basada en el respeto hacia las iconografías y tradiciones étnicas, Kujón lleva 17 años trabajando con fibras peruanas de primer nivel como baby alpaca y sus mezclas con sedas, bambú, cachemir y algodón pima, transformadas mediante procesos transmitidos de generación en generación por artesanos del norte, del sur, la costa, la sierra y la selva peruanas. En estas zonas también dicta talleres de capacitación para rescatar las técnicas, mejorarlas y cocrear productos comerciales.

Es diseñadora gráfica, bailarina de profesión y diseñadora de moda autodidacta. Su visión de la moda es clara: debe estar al servicio del ser humano. En sus creaciones quedan expuestas sus raíces asiáticas (su padre es chino) y su vínculo con la danza contemporánea, de hecho, en sus inicios diseñó vestuario para esa actividad. “Mi primer desfile tuvo lugar en 1996, con una colección muy japonesa de algodón de color crudo que rescató la teatralidad y el minimalismo de este arte”.

El nuevo concepto del lujo basado en lo orgánico y la reivindicación de lo ancestral aplaude el trabajo de Sumy, quien ha brillado en Hong Kong, Beijing, Shanghái, San Pablo, Santiago de Chile, Montevideo, Bogotá, París, Berlín, Madrid y Nueva York. Pero su interés apunta al norte de Europa, donde “por el clima, requieren fibras pesadas, como nuestra alpaca y vicuña; son mercados que combinan con el fair trade y el uso de materiales nobles sin químicos que definen mi trabajo”.

Meche Correa



Hace 25 años se convirtió en la pionera de la industria del glamur en el Perú. En una época difícil para el país, azotado por el terrorismo, la diseñadora hizo que las tradiciones artesanales y la identidad inca protagonizaran sus colecciones femeninas.

“A pesar del rechazo hacia nosotros, les di a mis diseños mucha presencia peruana, mi tendencia es el Perú”, explica Meche, quien desde entonces ha vestido con su prenda emblema, la pollera de flores, a sus clientas peruanas, latinoamericanas y de África y Milán. Esta limeña creció en los talleres de costura de su madre y su tía. De ellas aprendió a cortar y coser telas en máquina; con tan solo 9 años creaba su propia ropa. “Llevo la moda en la sangre”.

Meche forjó una red de apoyo con comunidades de artesanos de Cajamarca, Ayacucho, Puno, Huancayo y Arequipa con quienes desarrolla una línea titulada ‘Las flores de mi tierra’, que recoge diferentes técnicas manuales con las que los campesinos bordan las prendas con hilos de alpaca. En Cusco se alió con maestros del telar lateral y de cintura –el más antiguo que existe–; en Lima, con mujeres artesanas, y desde hace 20 años, con presidiarios del penal Castro Castro que fabricaban piezas rústicas en cacho. “Lo primero que se me ocurrió fue elaborar las asas de mis carteras, pero terminamos haciendo mi línea de joyería en cacho. Hoy sigo trabajando con ellos, ya en libertad, como reinsertados sociales y laborales”.

Sergio Dávila

Primero creó los pantalones cargo, elaborados con bolsas de lona usadas por la armada francesa en la Segunda Guerra Mundial. Luego desarrolló sofisticados trajes de algodón y suéteres tejidos por manos peruanas en hilos de alpaca, muy valorados en Manhattan. “En 2002, al terminar mi carrera en Academy of Art University (California), inventé un pantalón cargo con bolsas que compré en un army supply store y las reutilicé; el diseño se vendió muy bien en cinco tiendas de San Francisco”.

Al agotar el material original de los pantalones, los reprodujo en dril a base de algodón pima peruano, descubriendo las bondades de otras fibras naturales del país, como la alpaca, la que empezó a incluir en suéteres que, en 2004, le abrieron las puertas de Nueva York. Cuatro años después debutaría en las pasarelas de la Gran Manzana con una robusta colección masculina y femenina a base de alpaca y algodón.

Entre sus materiales insignia están las lanas mezcladas con la alpaca serrana, el tejido de punto abatanado, el cuero, el shearling y el algodón pima de la costa sur peruana, con el que elabora driles para los trajes de chaqueta y pantalón que igualan la tradición sartorial inglesa. “Modernizo el legado inca del empleo de la alpaca, al darle versatilidad. Mis suéteres son apetecidos en Manhattan porque tienen su toque manual y son funcionales: la alpaca, por su calidez, evita usar tantas capas de ropa”. Sus diseños se venden en Chile, Atlanta, Seattle, Italia, Brasil y Perú.

Edward Venero



Curioso por las aproximaciones sociológica y antropológica del vestuario, este diseñador gráfico se vinculó a la moda en 2007 con una propuesta de camisetas protagonizada por la tipografía y los mensajes en serigrafía. Aunque fueron exitosas, su carácter inquieto lo hizo investigar la riqueza textil peruana. Así, en 2011, nació la marca más vanguardista de la nación: VNRO.

“En 2012 debuté en Lima Fashion Week con una colección que articuló el algodón, la alpaca y la estampación digital. Para mi trabajo más reciente desarrollé accesorios impresos en 3D con motivos tomados de huacos y piezas prehispánicas auténticas”, explica el diseñador que en 2015 creó el primer programa profesional de diseño de moda de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Sus diseños nacen en un laboratorio que cuenta con diseñadores gráficos, industriales y textiles, e ingenieros mecánicos y mecatrónicos. Primero modelan digitalmente las piezas en 3D. “Luego vemos los procesos de impresión en diferentes tecnologías, como una fabricación aditiva para construir el objeto en plástico y otra, que creamos con cerámica, para imprimir la pieza en barro con forma de accesorio inspirado en las reliquias prehispánicas incas”.

Edward evoluciona el legado textil andino con la impresión directa sobre fibras naturales, para “desarrollar materiales naturales y no solo ecoamigables, como sucede con el poliéster que puede ser reciclado y resulta siendo ‘ecológico’”.

Periodista*

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