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| 6/27/2017 12:00:00 AM

El mundo según los indígenas de la Sierra Nevada

El Sistema de Conocimiento Ancestral de los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación.

Antes del mundo que hoy conocemos existía una réplica intangible de él. Todos los elementos de la naturaleza tenían presencia espiritual. Los seres humanos formábamos parte de ese espacio, conformábamos sociedades y estábamos jerarquizados a pesar de no contar con un cuerpo físico.

Cuentan que en algún momento de esa historia hubo una discusión entre dos padres ancestrales: uno quería que el mundo se materializara, el otro se oponía.

Después de miles de años sin consenso, encontraron un punto en común: que el problema no era la materialización del universo, sino la ausencia de una reglamentación en caso de que ello ocurriera.

Diseñaron entonces caminos de protección que debían ser recorridos en el mundo material. Al darse la materialización, el mandato para mantener el equilibrio de la naturaleza quedó consignado en una Ley de origen y se determinó que la autoridad máxima sería la madre: la Sierra Nevada de Santa Marta.

Ese pasado quedó plasmado en los elementos que hoy integran la realidad. Los animales, las plantas y los objetos inertes son hermanos de los seres humanos y están conectados a ese mundo espiritual que los antecedió.

De acuerdo con esa sabiduría todo en la naturaleza está vivo, respira y es un conducto de conocimiento. Por ejemplo, una roca en el suelo proporciona aprendizajes dependiendo de su tamaño, color, forma y posición.

La base cultural y el entendimiento de los cuatro pueblos indígenas que habitan la Sierra Nevada de Santa Marta (arhuaco, kogui, kankuamo y wiwa) se centra en ese relato que conforma su Sistema de Conocimiento Ancestral.

A este concepto se integra, a su vez, la valoración del territorio, concebido no solo como un espacio físico sino espiritual. “En la estructura del territorio se encuentra explicada la Ley de origen y para su interpretación práctica a cada pueblo le fue definido y entregado un espacio determinado para el cumplimiento de sus obligaciones sociales, espirituales y naturales”, se lee en el Resumen Ejecutivo del Plan Especial de Salvaguardia (PES).

Como el territorio es fundamental para los pueblos de la Sierra, estos concibieron una línea negra, una demarcación de espacios terrestres, marinos y aéreos interconectados en donde permanece y se recrea continuamente la cultura indígena. Para nosotros, es el triángulo formado entre Santa Marta, Riohacha y Valledupar.

Los cuatro pueblos están hermanados, y aunque existan entre ellos diferencias de lengua, vestimenta, uso de los colores y manifestaciones culturales; se relacionan en el mundo espiritual y mantienen, a través de los mamos, una comunicación constante en ese universo.

Llegó el reconocimiento

En 1999, por las amenazas que enfrentaban el Sistema de Conocimiento y el territorio, los indígenas crearon el Consejo Territorial de Cabildos Gobernadores de la Sierra Nevada de Santa Marta. Un ente político que representa la unidad cultural de los pueblos y posiciona su cosmovisión al tiempo que dialoga con el Estado.

El consejo encontró que persistían afectaciones, tanto externas como internas, que ponían en peligro su visión global del universo. Por ello diseñó el PES, “fundamentado en el mandato de la Ley de origen, la concepción del territorio y la interconectividad de los espacios y sitios sagrados, como principio que sustenta la unidad y el equilibrio de la vida de los cuatro pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta”, dice el documento.

Así mismo, el plan expuso las razones por las cuales el conocimiento indígena debía ser incluido en la lista de Patrimonio de la Nación, por lo que se presentó al Consejo Nacional de Patrimonio Cultural y al Ministerio de Cultura.

Estas instituciones, después de análisis e investigaciones, incluyeron el Sistema de Conocimiento Ancestral dentro de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación el pasado mes de abril.

“La declaratoria es una sumatoria de esfuerzos alcanzados tras décadas de lucha pacífica en defensa de los pueblos indígenas”, advierte Cayetano Torres, coordinador del PES. En el proceso han contado con el apoyo de entidades como el Ministerio de Cultura y la Gobernación del Magdalena, a través de la Oficina de Cultura.

Finalmente, el Estado reconoció que hay en su territorio distintas visiones y maneras de ver el mundo. Ahora los pueblos indígenas invitan a los colombianos a que se reconozcan también en ese Sistema de Conocimiento. “Si Colombia se da el lujo de ser un país multiétnico, tiene que entender su cultura”, agrega Torres.

El nuevo reto es elevar la declaratoria a Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Para lograrlo, los pueblos indígenas trabajan con las instituciones departamentales.

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