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| 6/27/2017 12:00:00 AM

La carta con la que Héctor Mario Díaz se despide de su papá, el fundador del Irotama

Un sentido homenaje a Héctor Díaz Beltrán, visionario del turismo y responsable de crear un paraíso hecho a pulso y con amor.

Difíciles son las despedidas. Son momentos intensos en los que se expresan sentimientos que duermen en el fondo del corazón y que muchas veces tienen miedo de salir a la luz y expresarse de forma directa. Fue así como mi padre se nos fue sin despedirse, a él no le gustaban las despedidas pero si hubiera tenido la oportunidad de hacerlo, nos habría dicho que mantuviéramos la fuerza, el ánimo y el entusiasmo en todo lo que hiciéramos. Hoy perpetuamos la visión que don Héctor tuvo cuando se le ocurrió hacer de ese lugar, Irotama, un edén en el Caribe colombiano.

Cuando se hable de visionarios del turismo y de precursores en la hotelería de los resorts en el Caribe, necesariamente se tendrá que hablar de don Héctor Díaz Beltrán, quien a principios de los años cincuenta se radicó en la costa Caribe colombiana.

Él, que venía de la región del Carare, Santander, se enamoró de Santa Marta y en especial del sitio donde años más tarde construiría el Hotel Irotama. Como él mismo lo dijo, “Irotama nació del amor”. Y no podría haber sido de otra manera pues todo lo hizo y todo surgió de ese sentimiento.

Comenzó así don Héctor a luchar a brazo partido para salir adelante y dar a conocer el primer resort del Caribe colombiano. Cada vez que las finanzas se lo permitían, construía dos o tres bungalows adicionales. Poco a poco se fue incrementando su número hasta llegar a unos 60 a finales de la década del sesenta.

En breve comenzaron a llegar huéspedes de diversas regiones del país y también numerosos extranjeros. Bajo la dirección de don Héctor y siempre con la ayuda de mi madre, doña Anita, Irotama fue progresando hasta llegar a ser el mejor resort de la costa Caribe. Hoy es un complejo con cuatro torres de apartahoteles: Irotama XXI, Irotama del Sol, Irotama del Mar e Irotama Reservado, que entrará en operación este año. Entre las 12 habitaciones originales, incluidos los bungalows, las suites bohío, las suites y apartamentos, lujosos penthouses con jacuzzi y algunos con piscina privada, son más de 300 llaves.

Pero además de llenar los requisitos y exigencias de la hotelería moderna, Irotama es, gracias a esa inmensa veneración y respeto que mi padre sintió por la naturaleza, un santuario de la flora y de la fauna. No en vano nuestro eslogan es ‘El Hotel Verde por Naturaleza’.

Tampoco podremos olvidar que fue el principal gestor de la Fundación Irotama, entidad que con sus becas ya ha dado estudios a más de 300 hijos de empleados del hotel y ha convertido en microempresarias a numerosas madres cabeza de familia.

Mi padre nos enseñó a creer en lo nuestro, a imaginar un mejor país, en hacerlo trabajando todos unidos por un sueño, para dejarles a las generaciones venideras una mejor Colombia.

Ahora que él disfruta de otro paraíso, el eterno, ¡larga vida a don Héctor Díaz y a su Irotama!

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