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| 11/17/2017 12:00:00 AM

Subir en bici a Patios sin correr riesgos

Cada domingo 4.500 ciclistas suben al alto de Patios por una carretera en la que circulan desde buses intermunicipales hasta caballos. La tolerencia es clave para que este espacio sea seguro.

El pasado 24 de septiembre el Distrito programó un ciclopaseo desde el Parque Nacional hasta el alto de Patios para inaugurar la décima Semana de la Bicicleta. El evento se encontró con un plantón en el que habitantes de La Calera reclamaron más control para la subida masiva de ciclistas durante los fines de semana.

La tensión no pasó a mayores, pero sentó el precedente de que no hay espacio físico, ni siquiera para dialogar, entre conductores, ciclistas y peatones.

Juan Pablo Bocarejo, secretario de Movilidad del Distrito, asegura que la subida de ciclistas a Patios es “algo cultural” que no se puede impedir y que se debe “seguir trabajando en la tolerancia”. El mensaje tiene buenas intenciones, pero las palabras no bastan para resolver lo que sucede en esta vía por la que circulan buses del SITP, flotas intermunicipales, carros, camiones, motos, bicicletas, peatones y hasta caballos. Esta es la principal y más rápida forma de acceder al municipio de La Calera, a pesar de que solo tiene dos carriles y en varios tramos en sus costados hay residencias, locales comerciales y miradores.

Se han planteado soluciones como ampliar la vía actual o construir otra carretera con túnel desde la carrera Séptima con calle 100 pero, de aprobarse, pasarían unos tres años antes de ver un cambio. Frente a este panorama, parece que trabajar en la tolerancia sí es la única opción que existe.

Un buen comienzo puede ser tener en cuenta cuál es el uso que cada uno le da al corredor. Los ciclistas lo ven como un reto, y a pesar de que unos lo hacen más rápido que otros, su única meta es llegar a la cima. Quienes van en vehículos motorizados, en cambio, suelen tomar este camino sin darle mucha importancia al trayecto y para ir más allá de la base o la punta de la montaña.

También vale la pena considerar que la vía es de todos. La premisa es vieja y usada, pero pertinente en una ciudad que poco a poco comprende que sus calles no deberían ser solo para los carros y que la convivencia en ellas es la democratización del espacio público.

La informalidad con la que se recorre esa carretera es perjudicial y se deben eliminar comportamientos como los de ciclistas que bajan a toda velocidad o los de conductores que se parquean a los costados del corredor. Parece que la solución está en nuestras manos.

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