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| 11/17/2017 12:00:00 AM

Experiencias Four Seasons

La cadena hotelera tiene dos propiedades de lujo en el norte de Bogotá. Sus huéspedes disfrutan de spas milagrosos y habitaciones inigualables.

Todo comienza antes de entrar. Los dos hoteles que la cadena Four Seasons tiene en Bogotá son imponentes desde su puerta. La fachada de Casa Medina con sus ventanales y chimeneas, alude a estilos arquitectónicos escasos en la ciudad; y las piedras y columnas que la adornan, a épocas en las que la capital terminaba mucho más al sur. El arquitecto Santiago Medina Mejía concibió Casa Medina, como lo bautizó y muchos aún lo recuerdan, en 1945, como un edificio de ocho apartamentos lleno de elementos únicos: entre ellos unas columnas de piedra que rescató del convento de Santo Domingo, demolido en 1938.

Aún hoy, esas columnas custodian la entrada principal del hotel y su vestíbulo, junto a intrincados trabajos de herrería y talla de madera que recuerdan la fijación del arquitecto por los pájaros.

En 1984, el constructor Pedro Gómez Barrero adquirió el edificio. Antes de definir qué haría con este, el presidente Belisario Betancur lo declaró Bien de Interés Cultural, lo que obligaba a respetar su aspecto físico y facilitó la decisión de convertirlo en un hotel, pues no requeriría grandes modificaciones. Primero tuvo 24 habitaciones, y en 1991 aumentaron a 62 con la construcción de un anexo en la parte posterior del inmueble.

Por azar, o tal vez a propósito, el Four Seasons Hotel Casa Medina no tiene dos cuartos iguales. A pesar de que todos cuentan con una ducha de lluvia que invita a descuidar el ahorro de agua y una cama que le hará despreciar la suya, cada habitación tiene algo que lo dejará maravillado.

Le recomendamos encender la chimenea y tomarse un momento para asimilar el nivel de detalle del lugar. Después de probar un espresso recién hecho en la máquina de su habitación, agende una cita en el spa. En este íntimo lugar, ubicado en el sótano del hotel, solo importan su bienestar físico y mental.

Foto: Cortesía Four Sessions.

Un masaje de aromaterapia es un buen primer paso. Suena mucho más sencillo que la exfoliación desintoxicante de white gold coconut o la envoltura de café verde colombiano para adelgazar, pero no lo subestime. Nos limitaremos a decir que después de una sesión, tendrá sus músculos relajados, su mente clara y su corazón más ligero.

Luego le dará hambre, así que asegúrese de parar en Castanyoles, el restaurante del hotel. A cargo del chef italiano Carmine Esposito, encontrará sabores ibéricos y mediterráneos acompañados del mejor vino recomendado por el sommelier de la casa. De la carta podemos sugerirle el hummus griego de garbanzo acompañado de pan pita grillado, el cochinillo cocido al vacío y relleno de chorizo español y básicamente cualquier plato que tenga jamón serrano o jamón ibérico; las patas pueden tener hasta 36 meses de curación.

A pesar de que cualquier oportunidad es memorable en Castanyoles, visítelo los viernes en la noche, cuando se llena de música en vivo y cocteles preparados por los bartenders especializados. Sin embargo, si disfruta más de un plan diurno, el brunch de los domingos es imperdible. Hay una estación de pastelería y panadería, una de parrilla, una italiana, otra asiática, y por supuesto, una colombiana. Toda la comida –y las mimosas– son ilimitadas.

Si bien los 113 hoteles que Four Seasons tiene ofrecen gratas experiencias, Casa Medina evoca unas sensaciones con las que pocos hoteles en Colombia pueden competir. No pase por alto la imponencia de este lugar, la historia que guarda entre sus muros y el significado de que esté ubicado en una capital como Bogotá.

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