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| 1/7/2018 4:25:00 PM

El profesor colombiano que dicta clases de español en Indonesia

Santiago Gonzalez viajó desde Armenia hasta Yogyakarta para enseñar español a jóvenes en Indonesia.

Cuando salí de Colombia el pasado 17 de septiembre, rumbo a un continente nuevo para mí, no pensé, ni por un segundo, que iba a encontrar el lugar más maravilloso del mundo. Después de haber sido seleccionado como ganador de una beca del gobierno, a través de ELE-FOCALAE y el Ministerio de Relaciones Exteriores, y haber recibido el aval por parte de mi universidad (La Gran Colombia de Armenia) inicié esta maravillosa experiencia y llegué a un paraíso de paz llamado Indonesia.

No recuerdo, ni quiero recordar, cuantas horas de vuelo me tomó llegar a Yogyakarta. Lo más importante fue lo que sentí desde el primer momento que toqué suelo indonés. La sencillez, la amabilidad, el servicio desinteresado, el respeto por todo, a todo y con todos, la sonrisa permanente, la fogosidad, la nobleza, la humildad y sobre todo la sanidad física, mental y espiritual, son la esencia de los indonesios.

Quiero compartir con mis compatriotas colombianos algunos momentos y experiencias vividas en la hermosa isla de Java, nombre original de Indonesia y, por qué no, soñar por un momento que en un futuro Colombia también se transforme en otro paraíso de paz. Estoy seguro que si todos los colombianos optamos por los valores y principios básicos de la convivencia humana, lograremos vivir como en este fascinante lugar al otro lado del mundo.

A pesar de ser países lejanos he encontrado que Colombia e Indonesia tienen muchas similitudes. Primero, su clima. Aunque la capital de Indonesia, Jakarta, es caliente, a diferencia de la nuestra, el clima de este país en términos generales es como el de Honda, Girardot, Neiva o Melgar, caliente, muy caliente. Segundo, la alegría de la gente. Esto viene acompañado, por supuesto, de un buen apetito a toda hora, de la disponibilidad y atención en el servicio y de una vestimenta muy colorida. Al igual que nosotros son una nación textilera. Y no pueden faltar sus plazas de mercado llenas de texturas, sabores y colores como las de nuestro país.

También tenemos diferencias, sobretodo en la parte espiritual. Siento que aquí hay un respeto a todos y por todo, que se refleja en una paz física y mental materializada en la resiliencia ante las situaciones difíciles. Además, lograron algo a lo que nosotros todavía no hemos llegado, el control absoluto de los animales callejeros.

Para concluir, quiero invitar a todos los colombianos a conocer este maravilloso país y recordarles que tenemos todo lo necesarios para hacer de Colombia otro paraíso terrenal.

*Profesor invitado en UMY University, Yogyakarta, Indonesia.

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