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| 7/24/2017 12:00:00 AM

Nuestras artesanías, el nuevo lujo internacional

La industria celebra el espíritu y la tradición colombianas; nuestras creaciones pisan cada vez más fuerte en los mercados extranjeros.

El azar nada tuvo que ver para que Colette, la tienda concepto parisiense que mezcla de la manera más cool la moda, la cultura y el arte, y que es la profeta de la moda internacional, se haya convertido en una típica tienda colombiana tapizada con estampados como ‘parcero’, ‘sancocho’ o ‘bacán’. Nuestro país está de moda y lo demuestra el éxito de la historia y la calidad de su trabajo manual en el exterior.

“El mundo se enamoró de nuestra artesanía porque es el nuevo lujo; está hecha a mano, cuenta una historia y tiene un largo proceso indígena o afrodescendiente inmerso. La gente desea comprar esta carga cultural y por eso las grandes casas de moda quieren tener nuestras técnicas artesanales en sus productos”, explica el diseñador Juan Pablo Socarrás, quien lleva 11 años trabajando con comunidades de artesanos, grupos étnicos y población vulnerable (reinsertados y desplazados).

El made in Colombia es un sello de garantía para el cliente internacional (en especial el europeo) que se aparta del fast fashion y realiza compras inteligentes, prefiere una experiencia y no un simple objeto de moda, busca lo exclusivo (una artesanía, al ser elaborada a mano no será idéntica a otra) y lo que es producido de manera sustentable.

Paloquemao ‘by’ Marni

Colombia empezó a figurar en la cartografía del glamur en 2012, cuando Marni, en el Salón Internacional del Mueble de Milán, presentó unas sillas idénticas a las de hierro y cordón de polietileno tejido en las que las familias de las regiones más cálidas del país ‘toman el fresco’ al final de la tarde. Entonces, la firma italiana reveló su trabajo con exreclusos de la cárcel de San Gil (Santander), quienes tejieron con materiales reciclados sillas, sofás, mecedoras y camas de sol para la marca de lujo. En 2015, Marni convirtió su showroom de la Viale Umbria 42 en una plaza de mercado donde las carteras de Paloquemao sedujeron a muchas mujeres. Y en la Semana del Diseño de Milán de 2016, ese mismo espacio se convirtió en el Marni Ballhaus, en donde los asistentes bailaron al ritmo de la cumbia con faldas hechas por artesanas colombianas.

“El patrimonio folclórico del país se veía como un producto perteneciente al pueblo, por eso a las élites no les interesaba apropiarse de ese lenguaje. Una vez que el sector del lujo empezó a usarlo en mercados internacionales donde no existe un referente similar y el diseño adquiere notoriedad por su exotismo, el consumidor local encuentra un validador idóneo para apreciar el valor de la artesanía. Aparecen diseñadores con nuevas propuestas alrededor de nuestras técnicas centenarias, que llegan a nuevos mercados”, dice Federico Castrillón, creador de la marca La Libertad. En su colección Exótica Colombia de 2016 desarrolló joyas con formas inspiradas en el folclor y la biodiversidad locales, como las cumbiamberas, palenqueras, orquídeas y guacamayas.

Elegancia ‘tropicool’

Nuestra tradición desembarcó en las principales vitrinas europeas tras una travesía emprendida por algunos diseñadores que levaron anclas con la bandera del ‘hecho a mano’, como la pastusa Adriana Santacruz y el momposino Hernán Zajar. Mientras Santacruz, en 2000, hizo de las pesadas cobijas tejidas en telar por los indígenas nariñenses unos livianos y sofisticados paños que hoy envuelven el cuerpo al estilo oriental, Zajar salió a conquistar Europa y Estados Unidos con una fusión de trópico y tendencias internacionales, vinculando a sus colecciones elementos de culturas como la wayúu, la arhuaca, y la embera katío, además de los bordados de Cartago (Valle), los tejidos en seda de Timbío (Cauca) y la filigrana de su natal Mompox.

En 2013, con el auge de las tendencias naturalistas del consumo, se impusieron a nivel mundial los motivos de diseño inspirados en la exuberancia de la vegetación y las especies de animales e insectos del trópico, bajo estilos como ‘Tropical Chic’ o ‘Tropical Fever’ que cada seis meses les dan sofisticación a nuestra flora y fauna. Entonces aparecieron marcas de joyería como Floramazona, de la bumanguesa Ana María Sarmiento, que brilla en Europa con su mezcla de orfebrería precolombina y formas inspiradas en nuestra biodiversidad. También Mâkua, la propuesta de la paisa María Paulina Arango que ha llevado al exterior la cosmogonía de las etnias kuna-tule o gunadule de Urabá, y los embera chamí del suroeste antioqueño, mediante joyas que combinan las molas y los tejidos con chaquiras “representando sus elementos sagrados: las montañas, los animales, la tierra”, explica Arango.  

Pero este auge artesanal en la joyería llevaba varios años en las manos de la bogotana Mercedes Salazar, quien en 2007 incorporó a sus piezas los tejidos de las comunidades wayúu (La Guajira), zenú (Córdoba), kamentsa (Putumayo) y guambiana (Cauca), así como los de palmas de iraca (Nariño) y de werregue (de los wounaan nonam del Chocó). Su afán por explorar nuevas posibilidades para la artesanía la llevaron a emplear materiales inusuales como el vidrio soplado y los acrílicos con textiles encapsulados y líquidos, bajo una narrativa que celebra nuestra identidad. Este edén de folclor sedujo a Carolina Herrera, quien dejó en las manos de los artesanos de Mercedes Salazar la colección de accesorios para la temporada resort 2018 de su firma.

La artesanía es la musa ineludible del modisto colombiano, es el nuevo insumo imprescindible del glamur. Por ello, la diseñadora María Luisa Ortiz, el director artístico de televisión Diego Guarnizo y decenas de artesanos de todo el país le apostaron al talento ancestral como protagonista de una propuesta de lujo asequible: SOY. Esta debutó en la pasarela del Bogotá Fashion Week de 2016 y cada seis meses crea a un personaje femenino para visibilizar los oficios y las técnicas que han construido a nuestro país, sin vulnerar las tradiciones, lo que ofrece salida comercial y generan fuentes de empleo justas. SOY se teje como la auténtica versión de la alta costura hecha en Colombia, por manos colombianas.

*Periodista.

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