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| 7/19/2017 9:45:00 AM

Los colombianos que fabrican prendas para Falabella

La multinacional chilena apoya la manufactura nacional: cerca del 40 por ciento de sus proveedores son colombianos y ya están exportando.

Falabella es una de las compañías más grandes y con más historia en América Latina. Fundada en 1889 en Chile, hoy está presente en Colombia, Argentina y Perú. En cada país tiene varios modelos de negocio, dentro de los que se destacan las tiendas por departamento. En nuestro país, Falabella exhibe productos de moda, calzado, belleza, tecnología, hogar, decoración, niños y deportes.

La primera tienda de Falabella en Colombia se inauguró en el Centro Comercial Santafé, en Bogotá, a finales de 2006. Casi 11 años después, la empresa cuenta con 25 puntos físicos en nueve ciudades del país y más de 4.700 colaboradores directos.

Pero ese crecimiento no ha sido fortuito. Recién llegada, menos del 10 por ciento de sus proveedores eran nacionales, ahora esa cifra ronda el 40 por ciento. Desde su entrada al país reconoció la calidad que la industria manufacturera colombiana les imprime a sus productos y no dudó al brindarle su apoyo para que de manera conjunta pudiesen ofrecer mejores productos a sus clientes.

Por eso desde hace cinco años Falabella creó un plan de fortalecimiento de la cadena de valor local que resulta ventajoso para ambas partes. El propósito es construir relaciones a largo plazo entre la empresa y sus proveedores nacionales, al tiempo que los acompaña en temas clave de su operación como gestión financiera, optimización de procesos, contratación y seguridad industrial.

Al contar con proveedores nacionales, la compañía puede responder en menor tiempo al aumento en la demanda de líneas de producto específicas, gozar de una mayor capacidad propositiva en sus diseños y asegurar buenos precios al consumidor final. Y para los proveedores los beneficios van mucho más allá: Falabella no solo contribuye al desarrollo de diferentes industrias nacionales, sino que planea exportar la producción colombiana a sus tiendas en otros países de América Latina.

Si la cadena crece, todos crecen

Para hacer eso posible se han puesto en marcha algunos pilotos. En uno de ellos participó la empresa Manufactura Maquila & Moda, de Bogotá, que fabricó 4.500 unidades de producto para una línea infantil que Falabella exportó a los almacenes en Perú.

Mónica Bustos, gerente comercial de esa compañía, lo explica así: “Nuestro trabajo con Falabella inició en abril de 2013. La empresa nos vinculó a un proyecto de encadenamiento productivo realizado con el apoyo de la Cámara de Comercio de Bogotá, Inexmoda y el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo que nos capacitó en eficacia, contabilidad, contratación, seguridad industrial y estandarización de procesos. El crecimiento de nuestra empresa ha sido notable. En estos cuatro años de trabajo conjunto nos especializamos en la producción de índigos, pasamos de seis a 70 empleados directos y de 400 a 34.000 unidades producidas al mes. Además, cerramos 2016 con 275.000 unidades hechas para Falabella. La apuesta por la proveeduría local que están haciendo nos permite crecer y mostrar nuestras ventajas frente a los jugadores internacionales”.

En este momento, la multinacional chilena tiene proveedores en Cundinamarca, Antioquia, Valle del Cauca y Santander que se dedican a la producción de calzado, confección femenina y masculina, y productos para el mejoramiento del hogar (muebles, lencería de baño, artículos de cocina, colchones, ropa de cama, entre otros). La compañía continúa en la búsqueda de alianzas con nuevos proveedores nacionales para alimentar sus almacenes con modernas propuestas, agregar valor a sus negocios, y contribuir a una industria nacional cada vez más competitiva.

Otra iniciativa que la compañía puso en marcha consiste en promover marcas emergentes y de creadores colombianos. Uno de los casos de éxito más representativos es el de la diseñadora de calzado Mercedes Campuzano, cuyos productos se empezaron a vender en la tienda digital de Falabella, y debido al éxito que tuvieron, ahora tienen presencia en las tiendas físicas. Otras marcas que están participando en esta propuesta son Tahi (de Barranquilla), Jutes (marca desarrollada por Carolina Gómez), Pecaminosa, y Pepper (ambas de Bucaramanga).

El caso de Falabella es ejemplar y muestra lo que ocurre cuando se confía en proveedores tan capaces como los colombianos, que tienen la experiencia y los conocimientos suficientes para estar a la altura de grandes compañías como la chilena. Una experiencia que sienta el precedente de que, aun en tiempos de feroz competencia por los precios más bajos, es posible darse la oportunidad de trabajar con empresas nacionales talentosas y con productos de calidad.

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