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| 7/25/2017 10:15:00 AM

Sastres, costureros, diseñadores y modelos. ¡Colombia lo tiene todo!

Hay muchas razones para estar orgullosos de nuestra industria: la generación de empleo, los nuevos talentos, su creatividad y calidad.

Estoy en el mundo de la moda desde que tengo memoria; creo que he participado en 20 de las 27 ediciones de Colombiamoda, desde que la feria se realizaba en una carpa (en 1990) y contaba con tan solo 80 expositores (hoy participan 670 marcas). Aquella carpa no tenía aire acondicionado, la pasarela era alta, no había puestos numerados ni reservados para la prensa, ni mucho menos una posición privilegiada para hacer streamings. Esa primera vez acompañaba a mi madre, Lila Ochoa, la fundadora de la revista Fucsia. Recuerdo el desfile de Silvia Tcherassi, inspirado en Fernando Botero, y uno de María Luisa Ortiz en el que las azafatas fueron el hilo conductor. En esa época cada desfile era eterno.

Además de las ya mencionadas, la industria nacional contaba con pocos diseñadores: Hernán Zajar, la marca Barroco (de Olga Piedrahita y su hermana Eulalia), Ángel Yáñez, y talentos emergentes de aquel entonces como Amelia Toro y Julieta Suárez. En un país donde los artistas plásticos proliferaban y tenían talla mundial, no pasaba lo mismo con los diseñadores de moda.

Una de las falencias de esa época era la falta de instituciones especializadas donde estudiar esa carrera (nuestra historia ha sido más de sastres y costureras). Además, la moda no era un tema prioritario porque no hemos sido un país rico, así que solo nos preocupábamos por cubrirnos. Y, para terminar, esta industria se mueve al ritmo de las estaciones, que obligan a la gente a renovar su clóset, pero en Colombia no las hay. Quienes tenían el dinero compraban su ropa en el exterior o mandaban a copiar algún modelo donde una costurera; los demás solo se tapaban. De ahí que ser diseñador no fuera una profesión ‘seria’.

Pero justo en esa década del noventa la historia comenzaría a cambiar para la moda colombiana. Una nueva generación salió del país con rumbo a Europa y Estados Unidos para estudiar diseño de modas. Teníamos que aprender donde los que saben. Sí, el mundo nos lleva ventaja, mientras la industria de la moda en el Viejo Continente suma más de un siglo, la nuestra apenas tiene 30 años. Hoy, varios de nuestros talentos se han graduado de instituciones prestigiosas como la Cámara Sindical de la Alta Costura y Esmod, en Francia; el Istituto Marangoni, en Italia; Central Saint Martins, en Inglaterra, y Parsons y Fashion Institute of Technology (FIT), en Estados Unidos.

Muchos de ellos han regresado al país para aplicar sus conocimientos aquí. Eso nos ha hecho avanzar, pero se debe profesionalizar al resto de la cadena: los patronistas, las costureras, los cortadores y los jefes de taller. Mientras un patronista en Colombia puede ganar 1 millón de pesos, en Japón, al ser un oficio tan respetado, un patronista cobra por horas (¡100 dólares la hora!), ha ido a la universidad y puede trabajar para varias firmas. Ahí es donde está la diferencia.

La moda, contrario a lo que se piensa, no es una industria light; es una que genera muchos puestos de trabajo. Un diseñador emergente les da empleo directo o indirecto al menos a cinco personas; uno posicionado, como Johanna Ortiz, puede tener un taller en el que trabajan 250. Colombia es un país de costureras y en este momento histórico en el que empezamos a vivir la reconciliación, esta industria cumple un papel importantísimo: muchas desmovilizadas que han trabajado en nuestros proyectos de Fucsia, como Maestros Costureros, antes de empuñar el fusil sabían coger una aguja.

Historias como la de Pink Filosofy, una marca creada por Adriana Arboleda y Johanna Ortiz, son muy inspiradoras, ya que son mujeres empresarias con una visión seria de negocio; todas las áreas de su compañía funcionan de forma profesional y el diseño es altamente valorado. También han creado una escuela interna para preparar costureras. Reciben mujeres de todos los estratos socioeconómicos y las forman, retienen a las mejores y las demás quedan más preparadas para que otros las contraten.

Hoy, nuestra moda vive un gran momento. No me voy a detener a mencionar los casos de éxito de nuestros diseñadores en el mundo porque varios artículos en esta revista se ocupan de ello, pero sí quiero recalcar que lo #MadeinColombia ya no es algo de esconder, sino un motivo de orgullo. Y como esta industria es tan visual, las redes sociales desempeñan un papel muy importante, especialmente Instagram. Estamos llenos de blogueros, instagramers y youtubers, varios de ellos muy preparados, porque esta industria parece un show pero no lo es; hay que tomársela en serio, con el amor y la responsabilidad que se merece. El portal Business of Fashion nos cataloga como “Latin America’s 160 billion fashion opportunity”... No desaprovechemos esta oportunidad.

*Directora de ‘Fucsia‘.

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