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| 10/2/2017 12:00:00 AM

Así se forman las nuevas generaciones de músicos pastusos

El proyecto de Escuelas de Formación Musical mejora el rendimiento académico de los niños mientras tocan un instrumento.

Durante la época más violenta de Medellín, que se magnificó en 2000, una de las estrategias para reducir la violencia en las comunas fue crear escuelas de formación musical. Siguiendo el ejemplo de la capital antioqueña, en 2002, el entonces alcalde de Pasto, Eduardo Alvarado Santander, decidió poner en marcha esa misma metodología de reconstrucción social.

El alcalde había solicitado un crédito al Banco Mundial con el fin de mejorar la infraestructura y crear nuevas instituciones educativas. La organización aprobó la iniciativa condicionada a que se agregara un componente cultural al proyecto. Entonces la esposa de Alvarado, María Cecilia Gonzáles, se reunió con su prima Lina Moreno de Uribe, quien le recomendó replicar el modelo de los espacios musicales de Medellín. De ese modo surgieron las Escuelas de Formación Musical en la capital nariñense.

A diferencia de las de Medellín, con estas escuelas no tenían como objetivo frenar la violencia sino encaminar socialmente a 300 niños y jóvenes, y propiciar espacios donde los estudiantes pudieran realizar actividades productivas en su tiempo libre y recibir una formación integral que, además de incluir la educación musical, les permitiera mejorar su rendimiento.

Las Escuelas de Formación Musical fueron inicialmente solo seis y con el tiempo han aumentado a 16, ubicadas en puntos estratégicos y marginales desde donde pueden impactar positivamente a los estudiantes. Algunas de ellas están localizadas en los barrios de Tamasagra y Las Lunas, y en los corregimientos de Catambuco, Mocondino, Cabrera y El Encano. Todas las escuelas están vinculadas a instituciones educativas, pues de acuerdo a la política de la Secretaría de Educación deben estar anexas a colegios públicos.

Al igual que las sedes, el número de profesores y de estudiantes ha ido en aumento. De casi 20 docentes y 300 alumnos se ha pasado a una cifra de 50 profesores y 1.500 estudiantes. Y a las áreas de aprendizaje de vientos, percusiones y cuerdas se han agregado nuevas, como música andina, coros y guitarras. Adicionalmente, la inversión de este año para las Escuelas de Formación Musical aumentó a 1.170 millones de pesos –sin contar los 300 millones de pesos destinados a la compra de instrumentos–, mientras que en 2016 fue de 950 y en 2015, de 570 millones.

Una motivación en la música

Más de 1.500 estudiantes asisten a estas escuelas. Foto: Pablo Villota

La Escuela de Formación Musical Aurelio Arturo, que cuenta con cerca de 60 instrumentos y 360 estudiantes, es un buen ejemplo del éxito de este modelo educativo. Los fines de semana niños de sectores rurales como la vereda El Socorro –ubicada a dos horas de Pasto– se dirigen a esta escuela para mejorar sus talentos.

Uno de los asistentes, Jair, de 10 años, decidió tocar el saxofón soprano porque cree que sobresale frente a otros instrumentos por su sonido oscuro y porque es “chiquito”. Su amor por la música, y por aprender, lo motiva a salir todos los días de su casa, ubicada en el municipio de Yacuanquer, a 45 minutos de Pasto, y dirigirse a la escuela.

Lo mismo le sucede a Valentina, seis años mayor que Jair, quien todos los días realiza un trayecto de una hora para llegar a la escuela desde Catambuco. Motivada por el amor que su tío le inculcó por el instrumento, Valentina eligió tocar la trompeta.

Estos dos niños, y los otros 1.498 que asisten a las Escuelas de Formación Musical, se convertirán en excelentes músicos cuando terminen su aprendizaje y podrán, como lo han hecho sus compañeros, protagonizar presentaciones en Quito, Buenos Aires y Alicante, entre otras ciudades.

La Red de Escuelas de Formación Musical, que en 2016 recibió el Premio Nacional para Escuelas de Música de Colombia, entregado por el Ministerio de Cultura, asesora a la ciudad de Guaranda, Ecuador, para implementar su proyecto, así como Medellín lo hizo con Pasto 15 años atrás. Gracias a la expansión de este programa, más niños como Jair y Valentina cumplirán su sueño de aprender a tocar un instrumento.

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