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| 10/2/2017 12:00:00 AM

El modelo de participación política que se impuso en Pasto

Es la única ciudad del país que ha puesto a funcionar el presupuesto participativo. Un ejemplo de cooperación para Colombia.

Aulo Eraso es un hombre muy ferviente, apasionado por la resistencia del pueblo y los logros obtenidos tras años de esfuerzo. Terminó el bachillerato hace dos décadas, cuando tenía 50 años, y actualmente además de ser el líder de la comuna 10 es la memoria andante de Pasto y su participación ciudadana.

La historia de Orlando Miramar no dista mucho de la de Eraso: su hoja de vida recoge años de colaboración con la ciudadanía. Fue líder y edil, y desde 2007 preside la asociación que representa a las zonas rurales de la capital de Nariño.

Ambos recuerdan lo acontecido desde 1996 hasta la actualidad en relación con los cabildos, un término que nació durante la Colonia para designar las reuniones de la comunidad sobre asuntos específicos. En Pasto, el exalcalde Antonio Navarro Wolff comenzó a promoverlos en su administración (1995-1997) para que tanto la comunidad urbana como la rural pudieran participar en los procesos de desarrollo local.

Navarro buscó recuperar la confianza en la clase dirigente al hacer rendiciones de cuentas y también al pedirles a los ciudadanos que participaran en voz alta, pues los recursos de la ciudad son de todos. Los cabildos, entonces, comenzaron a ser sinónimo de presupuesto participativo. A partir de ese momento las comunidades recibieron un porcentaje de los recursos locales para ejecutar los proyectos que requerían, pero más que nada para crear una cultura de concertación, toma de ideas y ejecución colectiva.

Ires y venires

“Las ideas nacen de las necesidades”, asegura Miramar, quien recuerda que durante la administración de Navarro Wolff la comunidad logró pavimentar la carretera principal del corregimiento de Catambuco, en beneficio de cerca de 30.000 personas. Por su parte, Eraso cree que el exalcalde logró rescatar los mecanismos de participación ciudadana, un término que se modificaría en la siguiente administración, encabezada por Jimmy Pedreros (1997-2000), que asignó una especie de delegados. “Teníamos una democracia directa y participativa, y entonces se convirtió en representativa. Esto significó aprendizaje. Igualmente hubo proyectos de impacto”, recuerda Eraso sobre el cambio.

Más adelante, con la administración de Eduardo Alvarado (2000-2004) se consolidó una propuesta social, hubo cabildos abiertos y desapareció la figura de los delegados que trabajaban a conveniencia de su sector. Surgió el concepto de asambleas de concentración y arrancó el proceso de priorización concertada.

Para 2004, con la administración de Raúl Delgado (2004-2008), los cabildos cobraron protagonismo. Las propuestas e ideas comenzaron a materializarse. Por primera vez la comunidad pudo participar en el Plan de Vida del municipio. En el segundo periodo de Alvarado (2008-2012), la Alcaldía delegó parte de su labor en la comunidad y fue así como creó la visión de dirigencia comunitaria. Diecisiete años después la propuesta de Navarro Wolff daba frutos, la gente se había apoderado de sus recursos, existía el diálogo y los políticos ya no se veían como figuras lejanas, sino como servidores del pueblo. La democracia era directa y la participación ciudadana resultaba decisiva en el Plan de Desarrollo Municipal.

Para 2012 el presupuesto participativo se partió en dos, cuando el alcalde Harold Guerrero (2012-2015) consideró innecesarios a los cabildos. Y si bien hubo inversión en el municipio, hizo falta la esencia de la participación ciudadana: la comunidad no se apropió de los proyectos y la gente en la calle no sabía qué tipo de programas y construcciones se llevaban a cabo.

Con una victoria apoteósica (129.000 votos), el actual alcalde Pedro Vicente Obando ha traído de vuelta al pueblo la idea de desarrollo integral desde la perspectiva humana. Tanto es así, que por primera vez los cabildos han participado, ya no solo en proponer ideas para el Plan de Vida municipal, sino también en trabajar hombro a hombro con la administración para crear el Plan de Desarrollo. De hecho, el Departamento Nacional de Planeación premió este trabajo en reconocimiento a la magnitud de sus proyectos y a la participación activa de la comunidad.

La ruptura de 2012 fue fuerte, pero el optimismo mantiene a Pasto como la única ciudad que le brinda espacio y voz a su comunidad. Eraso resume el sentir de la gente: “Vamos recuperando la fe”.

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