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| 11/25/2017 12:00:00 AM

Los ladrillos y el cemento no representan progreso

Nos vendieron la idea de que los edificios altos y la sobrepoblación significan progreso. El CEO de Fastrack Institute explica por qué el desarrollo está en otros aspectos.

El Valle de San Nicolás, con Rionegro como su principal municipio es, sin duda, el futuro Medellín. Eso lo sabe todo el mundo, pero no parece haber calado aún en el sector político. Por ello, encaramos retos que merecen la máxima atención de la sociedad. Pero para comprender mejor este fenómeno, debemos refrescar la memoria.

La capital del departamento de Antioquia es la única ciudad que tuvo un Plan Maestro que se hubiera podido llevar a cabo. Elaborado en 1952, se convirtió en referente mundial. O eso creíamos en 1977 cuando siendo presidente de la Sociedad Colombiana de Arquitectos en Medellín invité a su autor Joseph Lluis Sert, arquitecto y decano emérito de Harvard, para que revisara su proyecto 25 años después de haberlo diseñado.

La sorpresa fue grande. En realidad, el Plano Regulador de Medellín sí se llevó a cabo. Pero la manera como se hizo significó grandes cambios. Luego de varios días de investigación, Sert nos indicó que la causa probable para que este plan fuera “una colcha de retazos”, como lo llamó, se debía a que en los 25 años transcurridos, la ciudad había tenido 41 alcaldes, y cada uno de ellos, como el torero, llevó su cuadrilla y quiso dejar su huella. Esto, me dijo, era una receta para desdibujar lo soñado.

Nos sugirió algunas ideas: “…Medellín es una ciudad donde las montañas y su morfología conforman un valle largo y estrecho. Esto les ha traído grandes bendiciones y grandes limitaciones. Tienen ustedes una zona privilegiada por la naturaleza, el barrio El Poblado, pero veo con preocupación una tendencia urbanizadora de dicha zona cuando, como contraste, tienen la zona a lo largo del río, es decir, toda la parte plana del valle desaprovechada. Mi recomendación consiste en que aumenten drásticamente la densidad de la parte plana y que protejan las laderas de las montañas y la parte arborizada de El Poblado. Investiguen Los Ángeles con Beverly Hills, o Santa Fe, Nuevo México. Allí la zonificación es bien sencilla pero de una profundidad conceptual impresionante: ¡No puede haber edificaciones más altas que la copa más alta del árbol más alto! La naturaleza en estas zonas debe primar sobre la mano del hombre”.

Hoy, en 2017, nos encontramos con una ciudad saturada, con unas laderas de montañas convertidas en junglas de ladrillo y cemento, todo lo contrario a lo recomendado por Sert; un sistema vial colapsado, con pocas posibilidades de expandirse; 600.000 carros y 600.000 motocicletas, con proyecciones a 2021 de 1,2 millones de autos y 2 millones de motos. En ese sentido, el Túnel de Oriente en construcción que unirá a Medellín con el Valle de San Nicolás desfogaría la congestión.

Se habla de un Área Metropolitana del Valle de San Nicolás. Con el túnel, Rionegro y los municipios cercanos se convertirán en el futuro Medellín, un barrio más como El Poblado, o un área integrada a la ciudad como lo son Envigado, Itagüí y Bello. La capital antioqueña que conocemos de manera genérica y el Valle de San Nicolás se transformarán, quiérase o no, en un Medellín D.E. (Distrito Especial). Esto hay que hacerlo a pesar de razones políticas, de orgullos locales, de egos y competencias entre las diferentes administraciones.

Es un valle amplio y muy verde. Decantemos lo aprendido con Sert y tratemos entonces de que la naturaleza prevalezca sobre la mano del hombre. Para ello, pueden lograrse aumentos importantes en densidades, pero con edificaciones de poca altura, que no sobrepasen las copas de los árboles. Más sabia zonificación, difícil de conseguir. El mejor ejemplo, diferente a Santa Fe, son las supermanzanas de Barcelona.

Medellín ha contado con la fortuna de tener cuatro administraciones sucesivas con una línea de pensamiento consensuada, producto de esa simbiosis entre los sectores público, privado, académicos y ONG. Rionegro tiene hoy un alcalde con visión de futuro. Hay que acompañarlo para lograr algo similar a lo hecho en Medellín. Es el legado para dejar a las generaciones futuras.

*Cofundador y CEO de Fastrack Institute.

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