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| 11/27/2017 12:00:00 AM

En Antioquia el amor se demuestra con la comida

Asados Doña Rosa atrae a colombianos y extranjeros. Su propietaria revela en qué radica el éxito del restaurante y de la sazón antioqueña.

"Paloma San Basilio nos visitó en los ochenta”, cuenta Rosa Aidee Sánchez Alzate, de 59 años, para aclarar que de sus manos han comido famosos personajes que pasaron por sus restaurantes a degustar de las preparaciones que desde hace 31 años han cautivado los paladares de todos los comensales: sus tradicionales fríjoles, chorizos, empanadas, chicharrones y arepas de chócolo con quesito.

Nació en El Jordán, corregimiento de San Carlos, Antioquia. Cuando Rosa Aidee tenía 5 años fue llevada a Yarumal al orfanato de las hermanas Santa Teresita del Niño Jesús, de quienes aprendió a cocinar con amor. Se fue a vivir a Medellín donde trabajó en un restaurante del barrio Guayaquil. Tras una década de esfuerzos y ahorros compró un lote en la Avenida Las Palmas, donde inauguró Asados Doña Rosa en 1986.

“Teníamos un local de seis por seis en el que cabían un par de mesas. Yo barría, trapeaba, cocinaba, atendía y cobraba”, dice Rosenda, como la llama uno de sus nietos. Está en pie desde las cuatro de la mañana y no vuelve a casa sino hasta la medianoche. “Es un negocio de pura tradición y siempre hay que estar al pie del cañón”, afirma.

En su restaurante en Rionegro, 500 metros después de la glorieta del Aeropuerto José María Córdova, recuerda que hace 15 años la construcción de la vía Las Palmas la obligó a buscar otra sede. Se mudó al local desde el cual “dirige la orquesta” y donde “se dio el desarrollo”, dice, seguido del listado de los puntos de la cadena que hoy son propiedad de su esposo e hijos: en el centro comercial San Nicolás, el de San Jerónimo, La Pintada, Copacabana, Premium Plaza, Las Palmas y Caldas.

¿Qué sigue ahora, doña Rosa?: “La planta de producción de nuestros productos”. Veinte mil chorizos mensuales, empanadas, pasteles de pollo, arepas de chócolo, costillas y chicharrón ahumado, todo se hace en esa fábrica ubicada a pocos metros del restaurante de Sajonia, y a pesar de que ya no son artesanales, la receta es la misma: porque el secreto es “el amor”.

Quizás en cinco años Bogotá, Cali y Panamá disfruten de estas delicias paisas. “No soy la viejita de trenzas y bata que se imaginan; soy la que todavía se mueve como verdolaga en playa porque en Antioquia demostramos el amor con la comida”, asegura doña Rosa.

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